Se acabó el descanso

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Mañana lunes acabará este descanso tras mi etapa en BBVA. Mi próximo destino es (la marca que emplea Indra desde hace poco para todo su negocio de Tecnologías de la Información, separándolo así de lo que es Transporte y Defensa). La verdad, ya me apetecía. Y es que hice la primera entrevista con ellos hace más de un mes.

Ya lo sé. Yo también pensé lo mismo desde el primer momento. Incluso el día de firmar el contrato. ¿No estaré vendiendo mi alma al diablo? Y es que Indra es prácticamente el demonio para cualquier programador en España. No es simplemente una empresa con una fama pésima por bajos sueldos, largas jornadas de trabajo, presencialismo, jerarquías, subcontratas, métodos de trabajo muy mejorables, poca atención a la calidad, y un largo etcétera de quejas que todos hemos oído y muchos incluso vivido. Indra no sólo es una empresa muy poco atractiva para los profesionales que quieren ser valorados como tales, sino que además ha estado involucrada en asuntos muy feos (déjame que sea políticamente correcto y sólo diga «muy feos», que ni siquiera me he incorporado a trabajar aún). Así que he tenido razones de sobra para rechazar cualquier propuesta que venga de ellos, pero… pero es que también tengo razones para creer que realmente hay mucha gente dentro de Indra que está haciendo un genuino esfuerzo por cambiar la empresa. Aunque mensajes como éste de los 800 puestos cualificados no cubiertos por carencias en el sistema educativo me hacen dudar muy seriamente.

Para empezar, la manera de contactar conmigo no ha sido a través de los canales «tradicionales» (un anuncio en LinkedIn o un headhunter disparando a mi correo) sino que me escribieron a través del formulario de mi propia web. Ya te conté cómo fue la entrevista: poco convencional. Y no se quedó ahí el proceso, porque tuve la oportunidad de hablar con gente de peso en el organigrama y comprobar que, efectivamente, había «match» entre nosotros. No sólo comentamos la transformación de Minsait desde un punto de vista metodológico sino, sobre todo, cultural. Hay multitud de iniciativas en marcha para transformar la organización, y uno de mis retos va a consistir en ser capaz de crear sinergias entre todas. Y estas sinergias no se conseguirán ni imponiendo ni pidiendo por favor, sino uniendo fuerzas y poniendo mucho amor.

Les gustó mi enfoque:

  • participativo, buscando que los cambios surjan desde la propia gente y no desde una oficina de consultores contratados a base de talonario,
  • y explorativo, aceptando que ni sabemos cuál será la «foto final» de una Minsait transformada (pues probablemente no exista un final como tal) ni sabemos cuál debería ser nuestro plan (pues nos vale con saber más o menos lo que queremos conseguir y un método para ir acercándonos).

Y, por si fuera poco, aceptaron con gran naturalidad mi manera de plantear los asuntos, directa y en muchas ocasiones divergente, pero también pragmática, claro.

Por último, y aunque yo mismo he hecho el ejercicio de verlos con escepticismo, muchos de los mensajes corporativos que emiten Minsait y sus directivos me resuenan bastante pues son muy parecidos a lo que yo mismo llevo diciendo desde hace tiempo.

La incertidumbre es grande. Por no tener claro, no tengo claro ni siquiera qué poner en mi perfil de LinkedIn. De momento, gracias a he encontrado éste que me viene que ni al pelo: incomodador. ME ENCANTA.

Así que lo primero que tendremos que hacer será imaginar qué queremos que sea Minsait en los próximos años. Quiero hacerlo con los que ya están allí. Con los que se quieran unir a la excursión. Y, por supuesto, tendrá que ser ésta una visión alineada con lo que están haciendo ya los demás.

De momento yo, cuando imagino cómo podría ser la Minsait de dentro de 2 o 3 años no sólo veo una empresa en la que se hacen los proyectos más innovadores y ambiciosos del país y resto del planeta (Indra, el grupo completo, tiene proyectos en más de 140 países y que sus clientes son los que se pueden permitir, entre todos, pagar esa facturación de más de 3000 millones de euros). Eso ya ocurre. Lo que imagino es una empresa cuyos profesionales se sienten orgullosos del trabajo que hacen y de cómo lo hacen. Imagino equipos multidisciplinares y con gran autonomía, formados por personas de diferentes razas y orientaciones sexuales que se aceptan con naturalidad. Imagino un entorno de trabajo en el que es habitual ver a gente que trabaja desde casa y que saluda por videoconferencia a los compañeros de la oficina para explicarles, en bañador, que en un rato se marchará a la playa a hacer un descanso. Imagino contribuciones a proyectos opensource y participación activa en la vida de las comunidades tecnológicas. Imagino clientes que han cambiado también la manera de relacionarse, no sólo con Minsait sino también con sus propios empleados y el resto de proveedores, estableciendo relaciones más sanas que las actuales. Imagino a un directivo compartiendo un bizcocho, cocinado por él mismo, con un equipo que ofreció una propuesta de mejora que fue valorada positivamente por varios clientes. Incluso imagino a representantes sindicales que participan como facilitadores en muchos de los eventos de mejora continua que se celebran a lo largo y ancho de la empresa. Y, aunque quizás esté dejando volar demasiado mi imaginación, también imagino proyectos desarrollados en colaboración con otras empresas y profesionales, como parte de un ecosistema que prima la colaboración sobre la competencia y cuyo principal objetivo es contribuir a mejorar la calidad de nuestro entorno y nuestra sociedad.

Ya sé que te estás descojonando con algunas de las cosas que imagino, pero será por imaginar… 🙂 En serio, creo que en estos casos hay que ser ambicioso. Quedarse en una visión corta y apocada es, en mi opinión, jugar a perder.

Así que en mi debate interno he tenido que resolver el dilema: dilapidar mi reputación (que es mi único activo) entrando voluntariamente en un monstruo que muy probablemente me acabe absorbiendo, o entrar en una organización con un gran potencial para provocar un impacto jamás visto en la sociedad a través de un cambio en ella misma. Y ha ganado la segunda opción, claro. 🙂

LA FOTO: Cuando pienso en cómo será mi nueva aventura siempre me vienen a la cabeza imágenes como ésta. Un camino realmente duro, en el que probablemente resbalaré muchas veces (y te puedo asegurar que resbalar en el hielo es doloroso y, además, en un glaciar es especialmente peligroso porque es facilísimo cortarse y porque no sabes dónde terminarás en tu caída). Pero también es muy gratificante, especialmente si lo compartes con más gente.

Photo by Robert Baker on Unsplash