Automatizar puede destruir capacidades que necesitaremos mañana

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Esta entrada la publiqué originalmente en LinkedIn aquí.

Antes de preguntarnos “¿dónde ponemos un agente de IA?”, quizás deberíamos hacernos estas otras tres preguntas: ¿hemos entendido qué cosa importante (aunque no esté escrita en ningún manual) se va a romper o a degradar, qué relaciones la sostienen y qué perderemos si deja de ser realizada por personas?

En el artículo que destaco hoy, Dave Snowden emplea su método Estuarine Mapping para responder a estas preguntas.

Muy en resumen, en Estuarine Mapping se representan los elementos de un sistema distinguiendo cuáles podemos modificar, cuáles requieren demasiada energía para hacerlo y cuáles están cambiando independientemente de nuestra voluntad. Sobre ese mapa, Snowden incorpora tres claves de análisis (o “trialéctica cognitiva”): “saliencia”, qué consigue captar nuestra atención; “sapiencia”, qué depende del juicio y la experiencia acumulada; y “sintiencia”, qué implica percepción y respuesta al entorno.

La distinción importa al introducir IA porque una actividad aparentemente automatizable puede estar sosteniendo capacidades menos visibles. Al transferirla a una máquina podemos dejar de percibir determinadas señales, atrofiar el juicio que se construía al interpretarlas o interrumpir los mecanismos mediante los que adquiríamos experiencia. La eficiencia obtenida hoy puede estar destruyendo capacidades que necesitaremos mañana.

No es un artículo corto ni especialmente fácil de leer. Snowden da por supuesto bastante de su propio aparataje conceptual y eso exige cierto esfuerzo al lector. Aun así, creo que apunta en una dirección que merece la pena explorar: antes de preguntarnos qué puede hacer la IA por una organización, deberíamos entender mucho mejor qué mantiene hoy esa organización en pie y qué podemos alterar sin destruir capacidades que después echaremos de menos.

🔗 El artículo de Pichler: https://thecynefin.co/the-estuary-overlaid/