El poder de las metáforas

Tiempo aproximado: 7 min.

Esta semana se ha celebrado la Conferencia Agile-Spain 2018 en Alicante y allí estuve presentando mi charla «El poder de las metáforas». Si no estuviste, aquí tienes un resumen. Además comparto algunos comentarios en los que, por falta de tiempo, no pude extenderme.

EDITADO: Ahora que las amigas de han publicado el video, te invito a verlo y a dejarme tu feedback sobre la misma.

¿Qué son las metáforas?

Las metáforas son figuras retóricas que consisten en nombrar un término real empleando otro término imaginario, entre los cuales existe una relación de semejanza. Por ejemplo, cuando decimos que «el cielo está llorando», en realidad queremos decir que está lloviendo, aunque todo el mundo sabe que los cielos no lloran. Esta componente imaginaria nos hace pensar frecuentemente que las metáforas sólo se usan en contextos poéticos, pero leyendo el libro «Metáforas de la Vida Cotidiana” (Lackoff y Johnson, 1986) he aprendido a identificar una gran variedad de metáforas que usamos diariamente, muchas de ellas, integradas profundamente en nuestros idiomas.

Los autores del libro nos explican que las metáforas son mecanismos del lenguaje que usamos para compartir conceptos abstractos (o poco concretos) que, de otra manera, sería muy complicado de hacer. Y lo hacemos por semejanza con experiencias que nos son cercanas. Por ejemplo, si dices “tengo el ánimo por los suelos”, estás empleando una metáfora para indicar cuál es tu estado de ánimo. Sin ella, tendrías que dar datos concretos de ritmo cardíaco, respiración, actividad cerebral, etc. para que pudieramos entender cómo te sientes. Sin embargo, como la inmensa mayoría de las personas compartimos la metáfora «FELIZ ES ARRIBA, TRISTE ES ABAJO», es fácil entender que necesitas un abrazo.

Algo parecido sucede con “el negocio está creciendo” porque hereda de la metáfora «LO BUENO ES ARRIBA, LO MALO ES ABAJO» o con “mi cerebro no funciona hoy”, en cuyo caso la metáfora es “EL CUERPO ES UNA MÁQUINA”. La mayoría entendemos estos significados porque compartimos experiencias y cultura.

Hay muchas más, algunas tan incrustadas en nuestro lenguaje que resulta muy difícil distinguirlas (en este artículo hay varios ejemplos de metáforas fosilizadas) y otras mucho más elaboradas, que no requieren una vivencia personal sino que son más bien referencias culturales, como por ejemplo «UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA», que podemos ver en frases como «fue derrotado en el debate» o «su argumento fue devastador».

En el trabajo nos sucede lo mismo: empleamos metáforas todos los días sin apenas darnos cuenta.

No voy a hacer ahora un repaso exhaustivo (ya habrá oportunidad más adelante) pero al menos voy a enumerar las que empleé en la charla:

  • «LA ORGANIZACIÓN ES UNA PIRÁMIDE»
  • «LA ORGANIZACIÓN ES UNA RED»
  • «UN EQUIPO ES UNA CADENA DE MONTAJE»
  • «UN EQUIPO ES UN EQUIPO DE RUGBY (O DE FÚTBOL)»
  • «UN EQUIPO ES UNA BANDA DE JAZZ»
  • «UN AGILE COACH ES UN ENTRENADOR DE UN EQUIPO»
  • «UN AGILE COACH ES UN ENTRENADOR PERSONAL»
  • «UN AGILE COACH ES UN PASTOR»
  • «UN AGILE COACH ES UN EXPLORADOR»
  • «UN AGILE COACH ES MARY POPPINS»

Al programar también empleamos metáforas, por ejemplo los patrones de diseño (fachada, factoría, etc). Igualmente sucede en diseño de interacciones (escritorio, ventana, fichero, carpeta, etc). Las metáforas ayudan a los diseñadores a explicar a los usuarios cómo usar sus diseños.

Pero no es fácil encontrar la metáfora adecuada. Por eso me gusta especialmente esta frase que aparece en el libro «XP Installed» (Ron Jeffries, 2000):

“Suddenly, a program that seemed mysterious and complex becomes clear and simple. Be creative. When you have the right metaphor, it will click.”

Pero la metáfora que más ha influido en el desarrollo de software ha sido, con diferencia, la de «EL DESARROLLO DE SOFTWARE ES LA CONSTRUCCIÓN DE EDIFICIOS».

Tradicionalmente hemos pensado que los planos del edificio los hace el arquitecto (o el aparejador) y que el equivalente al edificio es el código ejecutable que construyen los programadores (entre otros). ¿Pero qué pasa cuando retamos esta interpretación de la metáfora y decimos que los planos son el código y que la construcción la hacen los compiladores y demás herramientas? Este video a continuación (min. 40:41) explica esta analogía.

¿Por qué son importantes las metáforas en una transformación cultural?

Me encanta esta cita de Wittgenstein:

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.”

Las metáforas nos permiten ampliar esos límites al conectar conceptos complejos o abstractos con otros más sencillos o concretos, lo cuál facilita que se puedan transmitir en forma de meme. Por tanto, ser capaces de identificar las metáforas que emplean los miembros de una organización (o incluso de difundir nuevas metáforas entre ellos) nos permite influir en la cultura de la misma. De ahí que haya basado en esto gran parte de mi trabajo en los últimos años.

De esta manera he encontrado que las metáforas nos permiten:

Las metáforas nos permiten entender

Ver la realidad desde otra perspectiva, conectada a una experiencia, nos permite entender relaciones entre los elementos del sistema sujeto de la metáfora que, de otra manera, no seríamos capaces de ver. Las metáforas nos ayudan a ver el bosque que se oculta entre los árboles.

Hace dos o tres años, con los equipos de las aplicaciones nativas de eDreams, empleamos muchísimo la conocida metáfora del “tren de releases”. Debates sobre la frecuencia de paso de los trenes, sobre qué había que llevar en la maleta o sobre el efecto que tenía correr para llegar a tiempo al tren que se marchaba fueron muy valiosas

Las metáforas nos permiten innovar

Cuando nos sentimos libres para ver la realidad como algo imaginario, con otras reglas diferentes a las que (aparentemente) nos dicta “el mundo real”, entonces podemos crear nuevas reglas y llegar a conclusiones que, de otra manera, no podríamos haber llegado.

De nuevo con los equipos de las apps de eDreams, hicimos un taller cuyo único objetivo era dejar de pensar en eDreams como una máquina de vending, en la que eliges un vuelo de su catálogo, pagas, recibes el localizador y se termina tu interacción con algo parecido a “Su viaje, gracias”. Como resultado del taller obtuvimos varias metáforas con las que explicar el negocio de una agencia de viajes y cuál era el propósito de cada uno de los equipos dentro esa metáfora. Me gustó mucho la del bar: uno de los equipos se dedicaba a atraer clientes y sentarlos en el bar, otro recogía sus pedidos y se los servía, y el otro se aseguraba de que volvieran.

Aunque nunca sucedió, la idea era que los equipos trabajaran con las nuevas metáforas para trabajar la UX y, sobre todo, para imaginar nuevas funcionalidades para los usuarios.

Las metáforas nos permiten cambiar

No sólo por lo que hemos visto antes:

  • porque podemos entender mejor la complejidad de los problemas a los que nos enfrentamos,
  • o porque somos capaces de imaginar soluciones nuevas,

sino porque las metáforas nos permiten romper nuestras burbujas de creencias y, de esa manera, como decía Wittgenstein “ampliar las fronteras de nuestra realidad”.

Este ejemplo es algo más elaborado que los anteriores porque se trata de un storytelling basado en una metáfora, diseñados deliberadamente para cambiar la manera en la que se veía hasta ese momento la planificación trimestral de todo el portfolio de proyectos de BBVA España (unos 200 proyectos y más de 300 equipos involucrados).

La intención era conseguir que cambiara la dinámica que se estaba reproduciendo en otras partes del banco, que consistía (simplificando mucho) en asistir a una reunión multitudinaria en la que los equipos empezaban a planificar el trimestre. Nosotros queríamos que la planificación sucediera antes de empezar el trimestre para asegurarnos de que los recursos escasos se destinaran sólo a aquellos proyectos que estaban listos para usarlos. Se trataba de combinar eficiencia del uso de recursos con eficiencia del flujo de valor, pero no podíamos acudir a tanta gente con un mensaje racional como éste. Por lo que pensamos en un storytelling basado en un mundo imaginario que representara la realidad que queríamos alcanzar.

La historia se llamó “El viaje del P.I.” (el Program Increment de SAFe, es decir, un trimestre de trabajo) y la explico muy rápidamente.

El personaje principal era un proyecto llamado “P”, que tenía que hacer un viaje de 3 meses, para lo cuál debía hacer su plan y asegurarse de que sabía qué destinos iba a visitar y que tenía resuelto dónde alojarse. Para ello tendría la ayuda de una agencia de viajes (nuestro equipo) y una red de colaboradores (los Agile coaches).

En la metáfora, los destinos son las funcionalidades que cada equipo decide poner en su backlog para los próximos 3 meses de trabajo, y las reservas de hotel son aquellos trabajos que deben solicitar a otros equipos (normalmente equipos transversales o de soporte para toda la organización).

El corazón de la metáfora está en la preparación de los planes. El nudo de la historia se centra ahí. La conclusión es, básicamente, la llegada a la estación, pero si llegas con los planes resueltos, en realidad no tiene mucho sentido quedar el mismo día a la misma hora en la estación. Así que la historia, si funcionaba, tenía caducidad. Es decir, el éxito de la historia era que ya no fuera necesaria. Y, efectivamente, aunque tuvimos que organizar varias “bodas” finalmente conseguimos eliminar ese desperdicio.

Si te interesa la historia completa de cómo trabajamos en este cambio, lo contó también en CAS2018 en su charla «Agilizando… desde Finanzas».

Ha sido espectacular comprobar cómo apoyarnos en esta historia ha conseguido que mucha gente se sintiera identificada con los diferentes personajes y entendieran para qué servía lo que nosotros les estábamos pidiendo que hicieran de una manera diferente. Lamentablemente no tengo números que respalden esto. Trabajaré en ello en próximas ocasiones.

Resumiendo

  1. las metáforas nos rodean en nuestra vida cotidiana (no sólo a nosotros sino también a la gente con la que trabajamos) y, como hemos visto, nos permiten ampliar los límites de nuestro lenguaje
  2. los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestra realidad, también los de la gente que nos rodea

 ergo: ampliemos nuestros límites (y los de la gente con la que trabajamos) mediante la práctica deliberada de las metáforas.

Igual que un programador trata de dominar las posibilidades que le ofrecen los diferentes lenguajes y herramientas que tiene a su alcance y que hace ejercicios deliberados para mejorar sus habilidades como programador, hagamos lo mismo con las metáforas. Aprendamos más y mejores metáforas y practiquemos deliberadamente con ellas para entender en qué contextos funcionan y en qué contextos no funcionan, cuándo no podemos estirar demasiado una metáfora, etc, etc, etc.

Te dejo la presentación que empleé, aunque te dirá bien poco sin leer este artículo o sin escuchar mi intervención. En cuanto la organización o las amigas de Autentia publiquen el video, lo añadiré también a este artículo. En próximas entregas iré repasando diferentes aspectos del uso deliberado de metáforas que ni pude incluir en la charla porque apenas tuve 15 minutos. Sin embargo, antes me detendré la semana que viene a comentar sobre la CAS2018.

¡Ah! Y recuerda que en el hashtag #MetáforasÁgiles podemos compartir todos los comentarios que se nos ocurran sobre el poder de las metáforas.


LA FOTO: Se la he pedido prestada a los buenos amigos de y de su libro , que lo puedes encontrar, entre otros sitios, aquí (Safari de O’Reilly).