Agile de chascarrillo

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Llevaba tiempo (mucho) sin escribir en el blog, pero ayer se me calentó la boca por Twitter y lo he volcado tal cual aquí. Este artículo es, literalmente, este hilo de Twitter al que apenas he añadido algunos enlaces a referencias que me han parecido interesantes y formateado para dar énfasis a algunas palabras.

Veo que frente a la “industrialización del Agile” (hacer, más que ser) se está poniendo de moda el “Agile de chascarrillo” (quejas superficiales, basadas en anécdotas y profundamente autoindulgentes) que ponen el foco en lo que hacen mal los demás, sin la más mínima autocrítica.

Tampoco hay visión sistémica ni perspectiva histórica. El Agile industrializado es la consecuencia normal de un mercado de consultoría basado en la intermediación entre grandes empresas y trabajadores del conocimiento especializados. No importa lo que eres sino lo que haces.

Las grandes empresas se basan en estructuras jerárquicas, consecuencia de la mentalidad de las personas en la Dirección: Thinkers vs Doers, Teoría X, Divide y Vencerás… Da igual como lo llamemos, el resultado es que no es importante cómo piensas sino si haces lo que te piden.

Agile nos enfrenta a nuestra propia relación con el poder. Y es que hay que reconocer que es mucho más cómodo que sean otros los que nos digan lo que hay que hacer, porque así podemos eludir nuestra responsabilidad y, de paso, quejarnos de “lo mal que se deciden las cosas”.

Posicionarse en el chascarrillo y en los que los usan para denigrar a los que tratamos de cambiar esto dice mucho de ellos, de sus valores y de su inteligencia. El Agile industrializado es inevitable, pero el Agile de chascarrillo es una opción de cada uno de nosotros.

Participar del Agile industrializado (como es mi caso) puede hacerse con una actitud retadora a la vez que mostrándose a uno mismo como ejemplo de los valores y principios ágiles) o, por el contrario, puede hacerse con una actitud dócil y condescendiente, aportando sólo las habilidades mecánicas por las que son contratados. Lamentablemente, de esto último veo mucho. Es más, los veo frecuentemente quejándose de una actitud similar en la gente a la que se supone ayudan a cambiar.

Ser condescendientes con el Agile de chascarrillo no nos deja en mejor lugar. Es como tolerar los micromachismos en el trabajo. Normaliza situaciones no deseables. Y como en el caso del machismo, yo también caigo de vez en cuando en hacer chascarrillos ágiles.

En mi opinión, el chascarrillo ágil debería ser combatido porque son memes (en el sentido de unidad de información cultural) que contribuyen a reforzar la resistencia al cambio. Claro que algunos, además de participar activamente en la creación de chascarrillos, hacen negocio.

Retroalimentar el Agile de chascarrillo puede ser rentable porque permite presentarse como alguien crítico con el Agile industrializado, dando una falsa apariencia de compromiso con los valores y principios ágiles.

Minusvalorar los esfuerzos que hacemos muchos para intentar mejorar algunos pocos procesos con la escasa capacidad de influencia que solemos tener frente al Agile industrializado es no tener ninguna perspectiva histórica y quedarse apenas en la portada del Harvard Business Review.

Agile aún no es mainstream. Es el Agile industrializado el que es mainstream. Agile es un cambio social que aún no ha llegado a las grandes organizaciones por mucho que éstas patrocinen eventos ágiles. Agile requiere un cambio de mentalidad en todos los actores participantes.

Sin ese cambio de mentalidad problemas como las transformaciones digitales seguirán tratando de resolverlos con un enfoque de divide y vencerás, midiendo el progreso en número de equipos y procesos transformados, sin tener en cuenta que eso es un cambio de organigrama sin más.

Una transformación digital debe dejar a su paso un organización capaz de crear ideas espontáneamente (innovación) y de llevarlas a la práctica rápidamente (agilidad). Y para ello la clave es el liderazgo. Sin un cambio de mentalidad en las Direcciones, este liderazgo no emergerá.

El Agile de chascarrillo se alimenta de la falta de liderazgo entre los diferentes actores del Agile industrializado. De esta manera es más fácil no sentirse culpable. “No soy yo, son ellos, que no quieren o no saben hacerlo bien”. Pero no se trata tanto de hacer como de ser.

Contra el Agile industrializado y, sobre todo, contra el Agile de chascarrillo debemos cultivar ese liderazgo autocrítico (entre nosotros, que decimos que queremos cambiar las cosas, y entre aquellos con capacidad real para cambiarlas, que a fin de cuentas son nuestros clientes).


Hasta aquí la transcripción del hilo de Twitter. Repasándolo echo en falta profundizar en las ideas de falta de visión sistémica y perspectiva histórica del Agile de chascarrillo. Si crees que debiera escribir más sobre ello (o sobre cualquier otra cosa), por favor deja un comentario ahí abajo. Me gustará conocer tu opinión sobre lo que digo en él o sobre el formato (o sobre lo que quieras).

LA FOTO: Aquí gratis en Pixabay.