La Comunidad

Llevo toda la mañana sacando ratos para dar salida a tareas de la asociación Agile-Spain que ya se acercan peligrosamente a la fecha límite. Es trabajo administrativo muy aburrido: extraer algunos acuerdos de las actas de las asambleas celebradas durante el Evento de Socios, traducirlos al lenguaje y al formato que nos pide el Registro Nacional de Asociaciones, resolver con el asesor legal las dudas que nos surgen durante este proceso, pagar las tasas correspondientes y presentar las solicitudes de registro a través de internet. También he tenido que pedir un listado de movimientos de la tarjeta de crédito del año pasado que nos pide el asesor fiscal y que la web de nuestro banco no nos proporciona.  Además, intentar ponerme al día de algunas otras conversaciones en relación a alguno de los dos eventos en marcha, por si hubiera algo en lo que tuviera que participar. Apasionante, lo sé, pero los miembros de la Junta Directiva nos hemos ofrecido voluntarios, entre otras cosas, para esto.

Lo cierto, es que la mayoría del trabajo relacionado con la asociación es, hasta que se pongan en marcha algunas de las decisiones de los socios en la última asamblea, así de poco motivador. Hay que tener en cuenta que, como mucha gente, tengo mi trabajo (que me gusta y al que dedico mucho tiempo y esfuerzo), mis hijos (que aunque se van haciendo mayores, también les debo tiempo y esfuerzo) e incluso trato de tener actividades dedicadas a mí mismo, algunas de ocio y otras no. En un orden de preferencias, las tareas que realizo para la asociación son de las menos deseadas. Esto es como la pescadilla que se muerde la cola: como son tareas aburridas, las procrastino, y como las retraso, todo avanza lento, y como no sacamos esas tareas de enmedio, siguen habiendo tareas aburridas. 🙁

No es un sentimiento que tenga sólo yo, pues me consta que otros compañeros como Jerónimo Palacios, e incluso otros muchos en anteriores Juntas Directivas han compartido esta sensación de desapego. Esta desafección respecto de todo lo relacionado con la asociación, sin embargo, contrasta mucho con lo que sentimos respecto de algo mucho más abstracto que damos en llamar “la comunidad”. Los eventos comunitarios, especialmente los pequeños, que apenas requieren logística, son especialmente gratificantes. Son la oportunidad de encontrarte con amigos para charlar, compartir y aprender en un ambiente distendido. Incluso algunos debates en la lista de correo de Agile-Spain (últimamente tan poco frecuentes) son momentos de los que no me importa participar.

Me gustaron mucho algunas de las reflexiones que hacía en esta entrevista de Entra Sin Llamar. Carlos habla con pasión de la comunidad agilista y de otras comunidades de las que se siente partícipe. También habla de la reacción adversa que le provoca la asociación, por otros motivos, pero también adversa. Además, Carlos no es el único con el que he tenido esta conversación en los últimos meses.

El caso es que creo en el poder de La Comunidad (sea lo que sea) para avanzar juntos y transformar (para bien) el mundo que nos rodea, en particular desde el mundo de las empresas de IT, que es lo que nos une a la mayoría de los que nos consideramos miembros de la misma. Y también creo en las inmensas posibilidades que tiene la asociación para catalizar ese interés y energía en actos concretos. Sólo creo que no hemos dado con la tecla para evitar el burn-out de los voluntarios de la asociación. Sospecho que tiene que ver un poco con falta de conocimiento sobre lo que tenemos en común y otro poco de cambio de procesos.

Ésta y otras conversaciones me han llevado esta tarde a hacer un par de preguntas por Twitter y luego a traerme esa conversación a este blog porque se me hacía pequeño el ancho de banda de los 140 caracteres (o los que sean ahora) de Twitter para una conversación con tantos matices.

Por un lado me pregunto qué hay de comunidad en un grupo de personas que (en su inmensa mayoría) no cuidan lo que tienen en común. En este caso, me refiero a la asociación, mecanismo que hoy por hoy nos permite organizar un par de eventos al año y para lo cuál es necesario ser compatibles con el sistema legal y fiscal. A este esfuerzo de mantenimiento me refiero.

Aunque quizás, para poder responder a la primera pregunta, antes debamos respondernos la segunda que me hacía esta tarde y que tiene que ver con el sentimiento de pertenencia. Desde ese punto de vista, lo que compartimos ya no es un mero instrumento legal sino algo mucho más trascendente e ideal. Eso sí, no podemos olvidarnos, en ese caso, de que en ese paquete también están los procesos para la toma de decisiones y que, en mi opinión personal e intransferible, no podemos imponer por la fuerza de la costumbre y es imprescindible que sean acuerdos explícitos. En este sentido, para mí, la asociación nos permite tener ese marco explícito de trabajo.

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