Envidia


envidia
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(Del lat. invidĭa)

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.

2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

Pues sí, el artículo de hoy va dedicado a la envidia. Hay dos tipos de envidia: la buena y la mala. Podría dedicarme a hablar de la mala, que tan cercana la tenemos en nuestro país, pero después del hemos entrado en el #positicember, así que hablaré sólo de la envidia de la buena. De ésa que te hace ponerte las pilas cuando ves que a tu alrededor pasan cosas buenas y tú te las estás perdiendo. Porque estoy que me muero de envidia desde hace una semana porque ha comenzado su internship en Eden Development. Ya me estoy imaginando a muchos diciendo eso de que lo están explotando porque está trabajando sin cobrar. Je, je. Bueno, no es eso lo que parece por sus posts. Alguno quizá diga que se trata de una secta, que con el buen rollito le están lavando el cerebro para luego ponerlo a picar Javascript en las mazmorras. Hombre, no sé. Ya te digo, no lo parece. Ayer estuve chateando con él y me pareció de lo más feliz. Pero si dejo que salga el envidioso (el malo) que llevo dentro, te diré que sí, que seguro que es así. Porque no es posible que gente que trabaja y que da resultados excelentes a sus clientes, sean capaces de tener ese nivel de buen rollo entre ellos. Simplemente: NO ES POSIBLE. Buaaaa, no es posible, no es posible, no es posible. NO PUEDE SER POSIBLE. El mundo real no puede ser también así…. [por favor, querido lector, haga una pausa dramática llegado a este punto]…. [y use ahora el tono más lastimero que pueda]… no puede ser así…

Y lo peor (mejor) de todo es que ES ASÍ. Alberto nos lo ha ido contando durante toda esta semana. Le está costando la pasta estar allí (y lo que le seguirá costando) y el tío está supercontento. Y el resto de Eden también lo está con él. Y ha aprendido. (Un montón, mucho más de lo que él siquiera es consciente ahora mismo). Y me atrevería a decir que Eden también ha aprendido (un poquito por lo menos) de él (aunque tampoco sean conscientes ahora mismo). Porque cuando las personas dejamos la envidia de la mala (y el resto de sentimientos negativos) a un lado, y nos centramos en mejorar nosotros mismos y a los demás que están junto a nosotros, ocurren estas cosas. Y eso es para estar muertito de la envidia. Porque nuestro dichoso “mundo real” también podría ser así. Pero claro, cuesta, hay que hacer esfuerzos para cambiarlos. Mucho mayores que ir todas las mañanas a trabajar, aguantar a tu jefe y a algún compañero c…ete… y todas esas cosas del “mundo real”. Alberto ha dejado su trabajo y muchas otras cosas (familia, novia, amigos…), ha hecho la maleta y se ha marchado en busca de su sueño. Eso sí que es un sacrificio. (Al menos a mí sí me lo parece) Y por eso lo envidio mucho más. Y por eso no quisiera que se le acabara. Enrique tuvo la idea de abrir una hucha para recibir donaciones para Alberto. He puesto un “widget” en este blog y yo ya he puesto mi aportación. Modesta, eso sí, porque tampoco está la cosa para muchos dispendios (que se acercan las Navidades y tengo que hacer las compras aún). 😉

Bueno, en resumen, que este artículo está dedicado a un sentimiento de mucho más valor que la envidia (aunque sea de la buena): la felicidad. Estoy muy feliz porque Alberto es, por fin, el programador feliz y quería compartirlo con todos (los poquitos) que leéis esto para que también tengáis la oportunidad de alegraros por él.