El agilismo como motor de cambio del modelo productivo en España (y III)

Termino la serie de entregas que comencé hace un par de semanas. Respecto del original que envié como contribución a la Conferencia Agile-Spain 2010 (en la que espero veros a muchos) he introducido referencias y datos que ayuden a salir del terreno de la opinión y queden más cerca del de la deducción lógica, aunque desgraciadamente creo que ni la cantidad de estudios ni la fiabilidad de los mismos va a mejorar mucho nuestra percepción.

Cómo puede el agilismo impulsar un cambio en el modelo productivo

El cambio de mentalidad que exige el agilismo es, en sí mismo, un agente de cambio del modelo productivo. Es un cambio cultural en las personas y, sobre todo, en las organizaciones.

Los métodos y prácticas ágiles persiguen la eficacia evitando el retrabajo, realizando entregas frecuentes y manteniendo estrictos controles de calidad interna. De esta manera, además, se reducen los costes de producción evitando trabajar en partes del sistema que luego no van a ser usadas o que deben ser corregidas porque no cumplen con las expectativas del cliente o incluso porque son defectuosas. Y todo esto, dentro de una contexto que permite ser más competitivo porque se entrega valor a los clientes mucho antes, lo que permite obtener más pronto un retorno de la inversión al recibir antes las primeras versiones del sistema funcionando.

El agilismo se basa en aportar valor al cliente, buscando relaciones de confianza mutua, donde todas las partes se benefician. Incluso las relaciones con los empleados es diferente. Se confía en su autodisciplina y su autoexigencia, cediendo el control de muchas decisiones que tradicionalmente están centralizadas en pocas personas, que además no están al cabo de los detalles, por lo que suelen equivocarse o no ser lo más eficaces posibles.

Se busca acabar con los grandes esfuerzos dedicados a entregar a tiempo los productos. Para ello se establecen estrategias que fomentan trabajar al principio en aquellas tareas que aportan mayor valor al cliente, entregándolas completamente acabadas en cuanto es posible y revisando las prioridades frecuentemente. Y esto siempre a un ritmo sostenible. Para los proyectos que siguen metodologías tradicionales, aceptar un cambio provoca un desgaste en las relaciones con los clientes y empleados y unos costes directos y de oportunidad importantes. Con las metodologías ágiles no sólo se aceptan bien sino que incluso son bienvenidos porque así se evita trabajar en partes del sistema que luego no son utilizados1 o que deben ser corregidos más adelante. En este escenario, todas las partes ganan: los equipos de desarrollo pueden conciliar su vida personal y profesional y los clientes obtienen un mejor producto y más pronto. Esto es: estamos siendo más productivos.

¿Qué se necesita para hacer posible este cambio?

En general, cualquier cambio podríamos decir que necesita de un agente de cambio2 (individual o colectivo) que actúe como germen del mismo. Los seguidores que podrá conseguir en primera instancia serán los más propensos a adoptar cualquier cambio o a asumir los riesgos que el cambio conlleva (los “early adopters”). Pero una vez ganados estos primeros adeptos, para conseguir dar un paso más es necesario obtener apoyos dentro de la organización que queremos cambiar, y para conseguir estos apoyos siempre es bueno contar con:

  • casos de éxito para que den confianza
  • una comunidad que sirva de apoyo
  • estrategias de capacitación para conseguir que el cambio se haga efectivo

De todo esto, ¿qué tenemos ya?

Como decíamos más arriba, en España hay pocos casos de éxito conocidos porque, entre otras cosas, estamos en un sector que da poca difusión a lo que hace. Es evidente que eventos como los que organiza la asociación Agile-Spain, respaldada por una comunidad en crecimiento, y sinergias que se están buscando con otras instituciones son fundamentales para lograr que los casos de éxito que se están consiguiendo en España se puedan dar a conocer y generar la confianza necesaria de los que no gustan de ser pioneros y asumir riesgos, lo cuál es muy lícito en tiempos de crisis.

Poco a poco, y al calor de esta comunidad, comienzan a surgir empresas de capacitación y de consultoría que tratan de ayudar a las empresas y a los profesionales a adaptarse a este nuevo paradigma. Es un camino largo, pero al menos ya hemos comenzado a dar los primeros pasos. Una prueba de ello es que también comienzan a surgir las primeras bibliografías en castellano sobre estos temas. Esto es muy relevante porque, a los problemas ya citados de la economía española, la falta de dominio del inglés, a la que no es ajena del todo el sector de las TI, hace que los contenidos en castellano sean muy necesarios.

¿Qué falta?

Ya vemos que hay una pequeña llama, pero si queremos un fuego es necesario un acelerante, algo que permita que la llama se avive y vaya más allá. Es decir, necesitamos el apoyo de todos los que crean que este cambio es posible. Desde los pequeños empresarios que arriesgan su futuro hasta las instituciones con posibilidad para influir. Por ejemplo, sería muy positivo que las administraciones públicas comenzaran a exigir a sus proveedores relaciones de confianza y colaboración con entregas frecuentes y que abrieran el abanico de posibles colaboradores a pequeñas empresas que YA saben y pueden hacer esto. Iniciativas como Abredatos, por ejemplo, demostraron recientemente parte de lo que pueden hacer equipos de alto rendimiento, con buenas prácticas y con muy pocos recursos, para ofrecer servicios a los ciudadanos.

También se puede influir para que las metodologías y prácticas ágiles lleguen a los alumnos de las Universidades y centros de Formación Profesional de nuestro país. Porque necesitamos ser competitivos cuanto antes. No podemos esperar a que, poco a poco, este conocimiento vaya calando a base del impulso de una pequeña comunidad. Es necesario el impulso de entidades más influyentes.

Pero tampoco es necesario un “Pacto de Estado” para todo esto. Podemos empezar cada uno desde nuestra posición. Sin necesidad de plantear un cambio profundo de todo el sector, sino muchos pequeños cambios, cada uno en nuestro pequeño mundo en el que podemos influir. En este sentido, tener una red de apoyos (una comunidad) creo que es fundamental. Éste es nuestro verdadero reto. Somos un colectivo de más de 200.000 personas (según el estudio “Las Tecnologías de la Información en España 2008″ elaborado por AETIC) que trabaja en un sector clave para la economía española. Somos un colectivo descreido y desorganizado, pero es evidente que algo está cambiando. Y ese cambio lo estamos haciendo nosotros mismos. No es un cambio impulsado desde sindicatos, colegios profesionales, ministerios ni nada por el estilo. Lo estamos haciendo NOSOTROS.

Conclusiones

El sector del desarrollo de software en España necesita un impulso renovador que contribuya a mejorar la competitividad y la satisfacción tanto de los receptores de los proyectos como de los equipos que trabajan en ellos. Y aquí es donde las metodologías ágiles que promovemos pueden ayudar, dado que se basan en la creación de valor para el cliente, fomentan la innovación y aumentan la productividad mediante la mejora continua. Pero además, estas metodologías no se olvidan del verdadero corazón de nuestra industria: los desarrolladores de software, el capital humano que lo hace posible. Para hacer posible este cambio es necesario incorporar a la difusión del agilismo en España no sólo a profesionales, empresas e incluso a las administraciones públicas sino también a las universidades, puesto que sin formación ni investigación es muy difícil vertebrar un cambio como el que proponemos en este artículo. Si conseguimos este cambio de paradigma, la calidad de los desarrollos y la satisfacción del cliente con los servicios de TI ofrecidos por España se verán fortalecidos y, como consecuencia, la propia Sociedad de la Información en nuestro país. Esto también representa una sinergia con muchos esfuerzos institucionales y privados orientados a favorecer la innovación y la exploración de oportunidades en la Internet del futuro. Ése es el cambio del modelo productivo: un cambio cultural tanto en las empresas como, sobre todo, en las personas que las mueven en todos sus escalones.

Muchas gracias por llegar hasta aquí. Ahora espero vuestras reacciones…

Y recordad que mañana y pasado estaré en la Conferencia Agile-Spain 2010. No dudéis en tuitearme, escribirme o abordarme allí directamente. Siempre es un gusto “desvirtualizar a gente”.

Los artículos anteriores son:

Notas:

  1. Un informe bien conocido afirma, entre otras cosas, que los proyectos exitosos descartan el 42% de las funcionalidades que se definen inicialmente
  2. Si alguien está interesado en patrones y buenas prácticas para introducir cambios, aconsejo encarecidamente la lectura de “Fearless Change”

El agilismo como motor de cambio del modelo productivo en España (II)

Continúo con la segunda parte del artículo que comencé la semana pasada y que tantos y tan buenos comentarios sugirió. Espero que os guste.

Actualización: La tercera (y última) parte ya está disponible.

Qué es el agilismo

El desarrollo de software ágil (más conocido fuera de España por el vocablo inglés “Agile”) se origina en los años 90 con las llamadas metodologías livianas, en contraposición a las metodologías pesadas, basadas principalmente en procesos burocráticos y prescriptivos, es decir, que suponían que era posible conocer desde el principio todos los detalles del sistema a construir y que, por tanto, estos no iban a cambiar durante el desarrollo. Las metodologías ágiles están basadas en un cambio de paradigma en el desarrollo de software que acepta los cambios durante el desarrollo como una realidad ineludible en la mayoría de los proyectos. Se busca la entrega continua y temprana de valor al cliente, y la excelencia técnica de los desarrolladores e integrantes del equipo, lo cuál incluye al propio cliente y a departamentos tradicionalmente separados del desarrollo como Marketing o QA (Quality Assurance). Por un lado, la gestión de los proyectos se centra en la colaboración con el cliente, el trabajo basado en la priorización de sus necesidades y el retorno de la inversión en el proyecto (ROI). Por otro lado, se buscan técnicas ingenieriles para asegurar la calidad y la estabilidad de los productos desarrollados, durante el desarrollo, no al final, haciendo responsables de este aseguramiento al propio equipo, buscando no volver a trabajar sobre una pieza de software, por ejemplo para resolver un defecto, pues esto se considera desperdicio.

Entre las metodologías ágiles más conocidas podemos citar: eXtreme Programming (XP), Scrum, Crystal Clear o Lean Software Development. El punto de inflexión en la adopción de estos métodos es la firma en 2001 del Manifiesto Ágil, donde Kent Beck (creador de XP) y otros miembros relevantes de la comunidad definen los valores y principios fundamentales de una metodología ágil a partir de las buenas prácticas que, en base a su experiencia, han visto que dan mejores resultados. Actualmente se está dando una convergencia entre estas metodologías surgidas de la observación y las surgidas de la adaptación del sistema de producción Toyota (Lean Software Development), y por ello no es extraño leer términos como “Lean-Agile” o adaptaciones de conceptos como el Just-In-Time o Kanban.

¿Qué ventajas nos aporta el agilismo?

El cambio de paradigma que representan las metodologías ágiles persigue tanto un soporte para la innovación en el desarrollo de productos como una mejora de la eficiencia en base a una mejora de los procesos, un cambio de cultura enfocado a la calidad en los resultados y la satisfacción de todos los implicados: desde el usuario final del producto hasta el propio desarrollador. En un estudio de 2008 realizado en EEUU se destaca que la adopción de métodos ágiles había representado una mejora para el 60% de las empresas mientras que para el 22% había sido una gran mejora, es decir, la abrumadora mayoría mejoran.

Otro nuevo cambio de paradigma, el de la Internet del Futuro, es una revolución que está cambiando los modelos de muchas industrias. Los nuevos líderes de Internet, como Google, Facebook, etc. tienen un fuerte componente tecnológico y se distinguen por ser muy ágiles en el desarrollo de las iniciativas. Porque, en Internet, el posicionarse es algo crítico para el futuro del desarrollo de los proyectos empresariales, como han supuesto ejemplos tan conocidos como YouTube. España no sólo necesita un fuerte sector de TI, sino también un cambio de cultura a la hora de gestionar los proyectos. Necesitamos adoptar modelos de gestión que nos permitan adaptarnos a este entorno de incertidumbre. Modelos dirigidos por valor y donde el estado de “beta” (producto no acabado con el que se busca el “feedback” temprano de los usuarios) sea compatible con un trabajo profesional, donde haya un punto de encuentro entre la ingeniería y la necesidad de adaptarse de manera continua a un entorno en constante evolución. Esto permitirá a España posicionarse como una potencia en el desarrollo de software, pero lo más importante, como uno de los países con equipos de TI capaces de aportar el valor añadido necesario para abordar los retos del futuro.

Pero conseguir estas ventajas tiene un coste. No es simplemente cambiar unos procesos por otros, sino un cambio de cultura profundo en individuos y organizaciones. Esto toma tiempo, como cualquier aprendizaje. Por eso debemos tomar acciones YA; porque, como hemos explicado antes, está demostrado que el cambio de paradigma es una ventaja competitiva importante y debemos buscar este impulso para crear innovación en nuestro sector de las TI en España.

El agilismo fuera de España

Hoy día, las metodologías ágiles se han impuesto como una realidad incontestable en los países punteros en el desarrollo de software (EEUU y su área de influencia, países del norte de Europa y potencias emergentes como India o China). Ejemplo de esto son empresas tan conocidas como Google, Yahoo! o Nokia. El agilismo es una realidad incontestable y en muchos casos un requisito para empresas y trabajadores españoles que quieren competir fuera de España.

Es evidente que nunca podremos competir con India o China en precio: tenemos que tratar de ser innovadores y entregar productos de calidad. Éste debe ser nuestro objetivo.

Hay muchísima literatura bien contrastada con realidad de empresas con éxito implantando métodos ágiles por todo el mundo y multitud de consultoras ayudando en la difícil tarea de implantar estos cambios, pero además también hay comunidades internacionales alrededor de estos temas. El agilismo a nivel internacional está representado por la Agile Alliance, con más de 5000 miembros repartidos por todo el mundo y organizadora de conferencias internacionales de gran prestigio. También cabe mencionar a la Scrum Alliance, que expide las certificaciones profesionales en torno a Scrum más reconocidas a nivel internacional. Y por último, nombrar a la comunidad Ágiles, nacida en Argentina pero con vocación latinoamericana. De hecho, Ágiles va ya por la 3ª conferencia internacional que organizan en 2010 en Perú, lo cuál, de alguna manera, indica un grado de madurez más elevado que el que existe en España actualmente, que apenas vamos por la primera.

Hay otras iniciativas menos relevantes a nivel internacional, pero que poco a poco se están haciendo su hueco, como ScrumManager, fundada en España por Juan Palacio, y que persigue la certificación profesional en Scrum en un marco más abierto que el de la Scrum Alliance.

Incluso organizaciones muy alejadas del agilismo, hasta no hace mucho vistas como antagónicas, como son PMI (certificadores del Project Manager Professional) o SEI (evaluadores del estándar CMMI) ya están incorporando mucho del cuerpo de conocimiento ágil al suyo propio. De alguna manera, estas organizaciones están certificando que hay mucho en el agilismo que merece la pena ser absorbido para sus propios cuerpos de conocimiento.

¿Agilismo en España?

En España, desgraciadamente, el agilismo es muy poco conocido por los profesionales, empresas e incluso en las universidades. Hay muy pocos ejemplos de empresas relevantes en el sector y hay muy pocos estudios y proyectos de investigación al respecto, lo cuál nos está llevando a un cierto analfabetismo en el sector. En poco tiempo, nuestros profesionales y empresas no serán competitivos ni podrán siquiera colaborar con profesionales y empresas extranjeras porque no nos habremos adaptado a estas nuevas formas de trabajar. Mientras otros crean equipos capaces de responder al cliente con incrementos de valor frecuentes, en España seguimos dividiendo los equipos según sus funciones, sin una visión global del proyecto.

Como ejemplo de empresa de relevancia que ha apostado por el agilismo en España podemos nombrar a Telefónica I+D. Hay una interesante sesión en la Conferencia Agile-Spain 2010 sobre cómo han ido integrando prácticas ágiles en Telefónica I+D. Sabemos de experiencias muy aisladas dentro de la administración pública (otra interesante sesión sobre esto en la CAS2010) y de grandes corporaciones como Indra, por ejemplo, pero hoy por hoy no es algo generalizado ni mucho menos. Sin embargo, son las pequeñas startups en Internet las que están apostando decididamente por el agilismo porque son conscientes de que es un valor diferencial que les puede distinguir de su competencia al permitirles, entre otras cosas, reducir el “time to market” (el tiempo que pasa desde que conciben una nueva idea o detectan una necesidad hasta que la pueden poner a disposición de sus clientes) y aceleran el retorno de la inversión, lo cuál es vital en este tipo de emprendimientos, especialmente en el contexto financiero actual, donde el acceso a los créditos está muy difícil.

Me queda la última parte donde explico cómo puede el agilismo impulsar un cambio en el modelo productivo. Como siempre, espero vuestros comentarios.

El agilismo como motor de cambio del modelo productivo en España (I)

Suena un poco pedante el título, especialmente si se piensa que se trata de la contribución que me acaban de rechazar en la Conferencia Agile-Spain 2010, la primera conferencia 100% agilista que se celebra en España. Lo cierto, y aunque suene a excusa barata, es que no había pulido lo suficiente el entregable. Vaya en mi descargo que había entendido que se entregaba un primera versión y que, si era aceptada, entonces debía pulirla. Bien, no hay mal que por bien no venga, y ahora tengo material para varias entregas. Espero que, si aún queda alguien por ahí leyendo este blog, me ayudéis a completarlo con vuestros comentarios. Aunque nunca lo vaya a presentar a ningún sitio, quien sabe, quizás algún político navegando por la blogosfera se tope con este artículo y le dé por poner algo en su programa electoral.

Actualización: Ya está disponible la segunda parte. Y también la tercera (y última).

El agilismo como motor de cambio del modelo productivo en España

Introducción

El sector del desarrollo de software es una pieza fundamental en la productividad de cualquier país moderno. Hacer buen software puede ser la diferencia entre ser capaz de hacer realidad un proyecto empresarial, innovador o no. Pero no sólo eso. El software es actualmente una pieza básica en las organizaciones. Sin él, simplemente, las cosas no funcionan. No sólo porque haya actividades que no se puedan realizar, o porque el coste de realizarlas manualmente sea muy elevado, sino porque no se pueden tomar decisiones convenientemente informadas. Y eso, hoy día, es fundamental para el éxito empresarial. Por tanto, estamos hablando de un sector que debería jugar un papel preponderante en el tan citado cambio del modelo productivo, que estos vientos de crisis ponen en boca de todos. Este artículo trata de explicar cómo la adopción de métodos y prácticas ágiles está haciendo que empresas en todo el mundo desarrollen software mejor, más rápido y más barato, es decir, que sean más competitivas. Pero además, también les está permitiendo ayudar a hacer realidad e incluso potenciar las ideas innovadoras que surgen en otros sectores. ¿Queremos esto para nuestro país? Quizás debieramos seguir leyendo…

Es necesario un cambio del modelo productivo

Un reciente informe que el Grupo de Reflexión presidido por Felipe González, ex-presidente del Gobierno de España, ha elaborado para el Consejo Europeo explica que la UE en su conjunto está ante un dilema: reformarse o decaer.

Este mismo informe dice:

Las industrias y servicios basados en el conocimiento y creativos se han extendido significativamente durante las dos últimas décadas, convirtiéndose en los pilares centrales del empleo y del dinamismo económico en Europa. Los tiempos en que la ventaja competitiva de la UE se medía en costes salariales hace mucho que han quedado atrás. Hoy día la inteligencia, la innovación y la creatividad han pasado a ser los criterios de referencia. Son el seguro de la prosperidad futura de Europa. Vivimos en un mundo que demanda no sólo productos y mercados de alto valor, sino también, cada vez más, capacidades de alto valor.

Por tanto, parece fácil concluir que es necesario reformar nuestro modelo productivo y enfocarlo hacia sectores capaces de ofrecer valor añadido. Uno de estos sectores, como ya hemos citado más arriba, es el sector de las TI (Tecnologías de la Información) y del desarrollo de software en particular.

Estado de la economía española

En la crisis de la economía española parece que todos los analistas coinciden en que una fatídica concurrencia de circunstancias nos están haciendo pasarlo peor que otros, a pesar de la solidez de nuestro sistema financiero. Además de la crisis financiera mundial, parece ser que las familias españolas estaban asumiendo un elevadísimo endeudamiento: vivíamos por encima de nuestras posibilidades. Esto provocó, entre otras cosas que el ahorro privado fuera escaso y que, por tanto, no hayamos podido usarlo para hacer más fácil el paso por la crisis. Por otro lado, la elevada dependencia del sector de la construcción y sus derivados, entre otras cosas provocó una desincentivación de la educación frente a los ingresos rápidos que los jóvenes podían obtener en el sector de la construcción, lo que ahora les lleva a tener dificultades serias para acceder al mercado laboral. No digamos si hablamos de sectores que requieren una alta cualificación.

Todo esto nos lleva al desolador resumen: no somos competitivos. Y si no hacemos algo YA no lo seremos durante mucho tiempo.

Cómo salir de la crisis

A corto plazo parece que sólo hay dos caminos posibles:

  • aumentar la productividad
  • bajar los costes de producción

Los primeros pasan por ser más eficaces, mientras que los segundos parece que sólo pasan por reformas laborales que permitan abaratar las horas de trabajo.

El agilismo puede ayudar en los dos aspectos. Lo veremos más adelante, pero antes veamos, para aquel lector que no lo conozca, qué es el agilismo.

Aquí es donde lo dejamos para pensar un poco y dejar hueco para la siguiente entrega, donde haré un repaso del “estado del arte” del agilismo en España y fuera de España. Aportaré datos (cosa que no hice para la Conferencia) y trataré de demostrar con ellos que el sector del desarrollo del software en España puede ejercer un factor multiplicador sobre la economía.

Seguramente dejaré para una tercera entrega la verdadera tesis de esta contribución: cómo creo yo que podemos forzar un cambio estructural en la economía española desde el sector del desarrollo del software y, en particular, desde las pequeñas y medianas empresas que desarrollan software. De momento, espero vuestros comentarios, escritos o en persona durante la Conferencia Agile-Spain, a la que asistiré porque, entre otras cosas, haré un nuevo CodingDojo con Xavi Gost y todos los que os apuntéis.