Cuidado, soy un tipo peligroso

Mientras estoy terminando el artículo sobre Scrum que dentro de un ratito publicaré, me he topado, gracias a un amigo en twitter, con este otro artículo que, por una parte me ha parecido muy acertado, sobre todo recordando que los métodos ágiles no son balas de plata, es decir, que no siempre son la mejor solución. Pero por otra parte me ha hecho plantearme si es correcta la imagen que transmito de mí mismo al declararme “evangelizador agilista” (“agile evangelist” si echáis un vistazo a mi perfil en LinkedIn).

Después de pensarlo bien y echar mano de mi ejemplar de “Fearless Change”, he llegado a la conclusión de que sí, de que es correcta. Es más, es la que quiero tener en este momento. Porque tengo una pasión y me gustaría poder transmitirla. Esta pasión es el desarrollo de software.

He descubierto que hay formas mejores de desarrollar software y me gustaría que fueran las que se usaran mayoritariamente en las empresas de desarrollo de software de nuestro país. No quiero parecer un “talibán”, alguien que dogmáticamente, sin reflexión alguna, trata de imponer su criterio a todos los demás. Por eso no me autodenomino “Emperador de lo ágil” ni nada por el estilo. Y es que no creo que tener una pasión sea malo, ni tratar de que los demás compartan tu pasión (sin imponerla ni ponerse muy “pesao”) sea malo. Así que creo que, aunque es cierto que hay que empezar a tener cuidado con los que recién llegan a aprovecharse de la marca “agile” y de los que quizás han creado marcas a partir de estos conceptos para “monetizarlos”, también creo que no debemos descartar directamente a aquellos que te tratan de mostrar su pasión simplemente porque se ha convertido en una “buzzword”.

Bueno, lo dejo que no me quiero poner “pesao”. :-)

[La foto es una obra de Warhol que está expuesta en el MOMA de Nueva York y que representa una infinidad de latas de sopa de una misma marca, con lo que no es fácil distinguir una sopa de otra. ¿Moraleja o simplemente arte?]

Control de proyectos

Dice Tom de Marco en su diatriba sobre la ingeniería del software “Software Engineering: An Idea Whose Time Has Come and Gone?” (“Ingeniería del Software: ¿Una idea cuyo momento ha venido y se ha ido?”):

Así que, ¿cómo puedes gestionar un proyecto sin controlarlo? Bueno, puedes gestionar la gente y controlar el tiempo y el dinero. Le dices a tus jefes de equipo, por ejemplo, “Tengo una fecha de finalización en mente, pero no la voy a compartir contigo. Cuando llegue un día y te diga que tu proyecto terminará en una semana, debes estar listo para empaquetar y entregar lo que tengas como un producto final. Tu trabajo consiste en desarrollar el proyecto incrementalmente, añadiendo piezas al conjunto según el orden de su valor relativo y haciendo integración, documentación y pruebas de aceptación incrementalmente a medida que se va haciendo.” Esto puede sonar como una prescripción de métodos ágiles, pero estoy demasiado lejos actualmente de la construcción real de software como para hacer recomendaciones al nivel de metodologías. En cambio, estoy llamando a un enfoque de gestión, uno que bien podría orientar al equipo hacia métodos ágiles, al menos hacia los aspectos incrementales de la escuela agilista.

Y más adelante dice:

Consistencia y predictibilidad aún son deseables, pero nunca deberían haber sido las cosas más importantes. Durante los últimos 40 años, por ejemplo, nos hemos torturado a nosotros mismos con nuestra incapacidad para terminar un proyecto de software en tiempo y presupuesto. Pero como indicaba anteriormente, esto nunca debería haber sido el objetivo supremo. El objetivo más importante es la transformación, crear software que cambie el mundo o que transforme una compañía o cómo ésta hace sus negocios. En cambio hemos tenido éxito al transformar, frecuentemente mientras actuábamos fuera de nuestro ámbito de control. El desarrollo de software es y siempre será algo experimental. La verdadera construcción de software no es necesariamente experimental, pero la concepción sí lo es. Y hacia esto es hacia donde nos deberíamos enfocar. Es hacia donde siempre deberíamos haber estado enfocados.

Espero que la traducción de estos dos pequeños fragmentos sean suficientemente fieles. El objetivo no era hacer un resumen ni tampoco una traducción, sino colaborar en la difusión del mensaje.

Por cierto, si aún no habéis leído nada de Tom de Marco, os recomiendo encarecidamente dos libritos excelentes. Se leen muy rápido y se releen mucho más despacio (como los buenos libros). Se trata de “Peopleware” (Xavi, no se te olvide devolvermelo que está descatalogado en Amazon) y “Slack”. Ambos retratan nuestro mundo de personas obsesionadas por conseguir objetivos medibles y dan muchas pistas para tener éxito en quitarnos esas pesadas cargas de encima. :-) Vale, lo pondré en mi lista de resumenes de libros a bloguear.

Hormigas en los garajes


Aprovecho para disculparme por no poder ir a la tercera Desconferencia de Ecosistemas Software, pero realmente lo que quiero es responder a Manuel Recena por su artículo “Exprimidores de carne”.

La encuesta de población activa (EPA) está en 4.010.700 personas desocupadas (más o menos) en su última “foto fija” del primer trimestre. A pesar de que es del primer trimestre, la tendencia sigue siendo ascendente (muy ascendente) y la tendencia del paro registrado tampoco es para tirar cohetes, a pesar de todos los planes y actuaciones de los diferentes gobiernos (nacional, autonómicos, provinciales y locales). Y artículos como el de Manu no son más que un reflejo de la opinión de muchos que, aparentemente, sólo podemos ver cómo la situación empeora sin poder hacer nada para remediarlo. Y lo peor está por venir… o eso dicen.

Yo no puedo coincidir con esta visión. Quizás tengo la ventaja de no estar viviendo “el día a día” desde dentro de ninguna empresa. Quizás es porque en este año sabático he podido desprenderme de muchos prejuicios (aunque quizás haya adquirido alguno nuevo, je, je). Pero estoy plenamente convencido de que aquí, en España en particular, aunque probablemente podamos generalizarlo al resto del planeta, los que realmente tienen un problema y están muertos de miedo son los que pretenden seguir haciendo lo mismo que han estado haciendo durante los últimos años. Pero el mundo ha cambiado y la desaparición de todos esos recursos financieros ficticios, que hacían que muchos vivieran en una prosperidad inapropiada, está poniendo a cada uno en su sitio.

Hasta ahora hemos vivido un verano donde las cigarras han vivido muy bien, e incluso se reían de las hormigas… pero el tiempo de las hormigas ha llegado. Es el momento de que demostremos que las pequeñas y medianas empresas de este país no necesitan a las administraciones públicas ni a las grandes corporaciones para sobrevivir a base de subvenciones ni subcontratas. Claro que eso significa que todos (TODOS) tenemos que revisar y, como dice mi amigo Joaquín, “poner en crisis” todos los procesos, objetivos, procedimientos, organizaciones, planes, dependencias, formaciones… Seguir pensando que los que nos han metido en el agujero son los que nos van a sacar es poco menos que un pelín inocente.

No creo que los directivos de las grandes organizaciones, dueños de los grandes presupuestos, estén dispuestos a cambiar el “status quo” existente durante tanto tiempo. ¿Pero a quién le importa si cambia o no el “status quo”? A los que dependen de esos presupuestos: empleados y funcionarios, subcontratados, subvencionados y directivos y mandos intermedios. De entre todos estos grupos, sólo los últimos tienen cierta capacidad para cambiar las cosas, pero estoy casi seguro de que ninguno estará dispuesto a tomar decisiones que le dejen “con el culo al aire”. Nunca lo han hecho y ahora mucho menos. El resto, me temo que están (estamos) a merced de las decisiones de estos, con lo cuál sus opciones están muy limitadas.

En cambio, la mayor parte del PIB no tiene que ver con estas grandes organizaciones, sino con las pymes, micropymes y otras modalidades de trabajador autónomo. Las necesidades de los ciudadanos, las verdaderas necesidades, tienen mucho más que ver con éstos que no con las que nos explican las grandes organizaciones. La verdadera economía, la de verdad, la que se puede tocar y viene de las verdaderas necesidades, es la formada por este tejido menos “glamuroso” pero más pegado a las personas.

¿Y qué tiene toda esta arenga política que ver con el agilismo? Pues mucho. Porque ser agilista representa un cambio de actitud, un cambio de valores, y sobre todo un cambio de mentalidad. La economía real necesita que aceptemos que las reglas del juego han cambiado y que, por tanto, tenemos que buscar nuevas fórmulas para seguir jugando. Y las diferentes metodologías ágiles, que se centran en el cliente y en darle valor al mismo, que aceptan el cambio en las necesidades del cliente como una realidad y no se parapetan detrás de burocracias ni contratos, éstas metodologías son las que podemos emplear para darle “la vuelta a la tortilla”. Y no necesitamos que las grandes consultoras (Capgemini, Indra, IBM, Everis, etc) sean las que lideren el cambio. Porque ellos y sus clientes están en el grupo de los que no quieren que nada cambie. Por tanto, es el momento de dejar de esperar que nos subcontraten y ofrecer nuestros servicios a los verdaderos líderes de la economía en nuestro país: las pymes, las micropymes y los autoempleados.

Bueno, puede que no esté en lo cierto. Puede que me equivoque. Pero, ¿qué sentido tiene “seguir talando árboles sin descanso en vez de detenerse un momento a afilar el hacha”? Es el momento de dejar de quejarse en la máquina de café, abrir el garaje y llenarlo de hormigas. Me refiero a que todos aquellos que estáis descontentos con cómo os tratan en vuestra empresa podéis (incluso si me aprietas, debéis) poneros en movimiento y hacer como los americanos en sus garajes. Buscaos un lugar donde empezar modestamente con vuestra idea. No es necesario (en todos los casos) que abandonéis vuestro actual empleo. Pero es importante que seáis capaces de desprenderos de ese miedo al futuro y dar la oportunidad a la INNOVACIÓN (no con minúsculas, sino con mayúsculas). Si esperáis a que esa idea brillante sea financiada por un banco o por una administración pública, lo lleváis claro, pero no es necesario: estrujáos la mollera, leed cómo lo hicieron otros que también empezaron en un garaje y veréis que es posible.

Quizás algún día nos veamos en algún garaje, quién sabe… :-)

P.S.
La foto es un homenaje a aquellos que empezaron en un garaje… pulsad en la foto y veréis a quién me refiero, porque creo que algo de éxito tuvieron. :-)