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#AOS2011 : Siguiente objetivo…

Creo que voy a ser de los últimos en escribir sobre el AOS2011. Aunque participé en el podcast que tan oportunamente grabó Carlos Blé el mismo día que volvimos de Pamplona, creo que el momento merece una reflexión por escrito. No voy a hacer una revisión de lo que ocurrió porque revisando los blogs y las fotos que se han publicado creo que es más que suficiente para hacerse una idea de lo que fue. Y si no te haces una idea, es que tienes que ir al siguiente. :-)

Al grano. Este año ha sido un año de consolidación del movimiento agilista en España. Está claro que ya hay mucha gente que ha cambiado de mentalidad o que ya la había cambiado mucho antes pero ahora simplemente ha encontrado una manera formal de explicar lo que ya hacía. Ya no estamos la mayoría explorando y haciéndonos las mismas preguntas los unos a los otros. Ahora, muchos ya tenemos respuestas porque hemos andado el camino, y hemos cometido muchos errores, es decir, hemos aprendido mucho. Aún somos unos bebés en esto, nos queda (como comunidad) mucho por explorar, pero lo hacemos muy rápido y pronto estaremos en condiciones para explicarles a todos que somos más competitivos siendo ágiles y, sobre todo, profesionales. ¿Ocurrirá en la CAS2011? Yo creo que sí. Estoy seguro de que sí.

Este año ha habido algunas charlas cuyo contenido era claramente no-ágil. No quiero decir que se hablara de cómo hacer informes en colores con el Microsoft Project, sino de que “Internships”, “Talento” o “Seducir a las empresas” son temas que tienen más que ver con retos que tiene nuestro sector (el del desarrollo de software, si es que eso existe en España). Pero no me parece mal que se traten estos temas, al contrario. Porque esto es algo que ya comenté en la CAS2010: el espíritu de querer mejorar es lo que nos está aglutinando. Todas éstas son oportunidades en las que nos reunimos alrededor de una excusa para hablar “de lo nuestro” y dejar que nuestros sueños comiencen a formar parte de nuestro mundo real, o mejor dicho, que el mundo real comience a sacarnos de ese sueño letárgico en el que llevamos viviendo desde hace tanto tiempo.

Y está también claro que el otro mensaje que di en aquel panel de la CAS2010 sobre el esfuerzo que tenemos que hacer para mejorar nuestras habilidades como programadores también está cuajando. Cada día hay más y más eventos centrados en las habilidades del programador. Katayunos, merendojos, 12meses12katas y todo tipo de actividades que mezclan lo lúdico con lo rigurosamente profesional son demostraciones palpables de que la gente con talento y ganas de aprender (y seguir aprendiendo) están ahí. Sería de falsa modestia negar que desde agilismo.es, tanto Xavi Gost como yo hemos ayudado decisivamente a impulsar esto, pero también sería ingrato no agradecer a todos los que han (habéis) ayudado a que (juntos) estemos cambiando las cosas.

Son tiempos de cambios. Donde ya nada será como era antes. Donde las relaciones jerárquicas cada vez son menos importantes. Donde las lealtades no son a un jefe, a una empresa o ni tan siquiera a un sueldo, sino a una cultura basada en personas. Este cambio, cada uno en la medida de sus posibilidades de influencia, se está produciendo poco a poco, pero como en cualquier buen proyecto ágil, el incremento de valor se produce en cada iteración. En cada entrega hay cada vez más valor. Y eso es con lo que me quedo yo. En cada entrega percibo más y más valor. En cada Agile Open Spain percibo que somos un colectivo más grande, con más conciencia de lo importante que es ser un buen profesional, que cada vez respeta más a sus compañeros, clientes y demás actores implicados en este negocio del desarrollo de software.

Ya hay muchas empresas que se están dando cuenta de que si quieren sobrevivir a los malos tiempos necesitan tener a esta gente que se motiva sola y que, con las armas adecuadas, serán capaces de ayudarles a conquistar las plazas más difíciles. Esta gente ya no habla tanto de SOAP, BPM, el último framework de moda… ni tampoco se dedica a quejarse de lo mal que está todo… lejos de eso empleamos parte de nuestro tiempo libre para mejorar, o para reunirnos con otros y hablar de cómo mejorar. Y, por supuesto, mejoramos. Cada día.

Eso sí. No me confío y sigo poniendo historias en el backlog. No vaya a ser que nos quedemos sin nada que hacer… :-)

El siguiente paso: me gustaría que fuera demostrar que la economía española necesita de nosotros para remontar el vuelo. Para ello os invito a escuchar esta breve intervención de Xavier Quesada y una puntualización justo a continuación de Jorge Uriarte que he extraído también del video completo del panel de la CAS2010 que, como véis, me ha dado para mucho en este post.

No dejes de soñar, porque en sueños es libre el hombre.

Walt Whitman

NOTA: Por cierto, para los que queráis la letra del poema, aquí la tenéis.

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Poesía en la CAS2010

Estaba ayer preparando mi participación en el panel de la Conferencia Agile-Spain 2010 en el que hemos hablado sobre “El presente y el futuro del agilismo en España” y me encontré con este poema de Walt Whitman. Me pareció tan inspirador que no pude por menos que arrancar con él.

NO TE DETENGAS

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.

Walt Whitman

NOTA: No, no fue porque la foto de Whitman me recordara a Xavi Gost por lo que elegí un poema suyo. :)

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Informática Profesional

Por fin tengo en mis manos el libro de Roberto Canales, Director General de Autentia. Se titula “Informática Profesional” y es un pedazo de libro. No sólo por sus 548 páginas, sino por todo lo que lleva dentro. Debería ser un libro de texto obligado en las universidades por todo lo que de transmisión de experiencia hay en él. Roberto retrata nuestro sector de una manera amena y didáctica. ¿Qué más se puede pedir? Pues si además le pides que dé consejos prácticos, que haga autocrítica y que tome partida, pues también.

Además, se puede leer a varias velocidades. Las excelentes ilustraciones de Jorge Crespo en formato cómic hacen que puedas hacer una primera lectura en “modo tebeo” (con breves incursiones al texto) y luego, más reposadamente leer todo el texto, que es mucho y con consejos muy sabios.

Reconozco que aún no lo he leido completamente, ni tan siquiera a velocidad “tebeo”. Me he quedado justamente antes de empezar el capítulo 5 “Vender Tecnología”. Pero he echado un vistazo en profundidad al índice y ojeado algunos capítulos que me resultaban especialmente interesantes (como el de “Metodologías”, claro), y creo que, como dice Jorge Crespo en la penúltima página:

Guarda bien este ejemplar. ¡¡Será la revolución del conocimiento empresarial!!

Estamos a punto para el Agile Open Spain 2009, que será mañana por la tarde y…

¿¿Mañana por la tarde?? ¡¡Maldita sea!! ¡¡Y todo lo que me queda por hacer todavía!!
Lo siento, os tengo que ir dejando…

Por cierto, y a propósito del Agile Open, me ha gustado mucho el cómic de la página 123. ¡Ah! Os lo tendréis que comprar… Sólo os daré una pista:-)

Enhorabuena, Roberto. Y muchas gracias. De mayor quiero ser como tú (bueno, puestos a pedir, un poco más guapo) :-)

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Cuidado, soy un tipo peligroso

Mientras estoy terminando el artículo sobre Scrum que dentro de un ratito publicaré, me he topado, gracias a un amigo en twitter, con este otro artículo que, por una parte me ha parecido muy acertado, sobre todo recordando que los métodos ágiles no son balas de plata, es decir, que no siempre son la mejor solución. Pero por otra parte me ha hecho plantearme si es correcta la imagen que transmito de mí mismo al declararme “evangelizador agilista” (“agile evangelist” si echáis un vistazo a mi perfil en LinkedIn).

Después de pensarlo bien y echar mano de mi ejemplar de “Fearless Change”, he llegado a la conclusión de que sí, de que es correcta. Es más, es la que quiero tener en este momento. Porque tengo una pasión y me gustaría poder transmitirla. Esta pasión es el desarrollo de software.

He descubierto que hay formas mejores de desarrollar software y me gustaría que fueran las que se usaran mayoritariamente en las empresas de desarrollo de software de nuestro país. No quiero parecer un “talibán”, alguien que dogmáticamente, sin reflexión alguna, trata de imponer su criterio a todos los demás. Por eso no me autodenomino “Emperador de lo ágil” ni nada por el estilo. Y es que no creo que tener una pasión sea malo, ni tratar de que los demás compartan tu pasión (sin imponerla ni ponerse muy “pesao”) sea malo. Así que creo que, aunque es cierto que hay que empezar a tener cuidado con los que recién llegan a aprovecharse de la marca “agile” y de los que quizás han creado marcas a partir de estos conceptos para “monetizarlos”, también creo que no debemos descartar directamente a aquellos que te tratan de mostrar su pasión simplemente porque se ha convertido en una “buzzword”.

Bueno, lo dejo que no me quiero poner “pesao”. :-)

[La foto es una obra de Warhol que está expuesta en el MOMA de Nueva York y que representa una infinidad de latas de sopa de una misma marca, con lo que no es fácil distinguir una sopa de otra. ¿Moraleja o simplemente arte?]

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Control de proyectos

Dice Tom de Marco en su diatriba sobre la ingeniería del software “Software Engineering: An Idea Whose Time Has Come and Gone?” (“Ingeniería del Software: ¿Una idea cuyo momento ha venido y se ha ido?”):

Así que, ¿cómo puedes gestionar un proyecto sin controlarlo? Bueno, puedes gestionar la gente y controlar el tiempo y el dinero. Le dices a tus jefes de equipo, por ejemplo, “Tengo una fecha de finalización en mente, pero no la voy a compartir contigo. Cuando llegue un día y te diga que tu proyecto terminará en una semana, debes estar listo para empaquetar y entregar lo que tengas como un producto final. Tu trabajo consiste en desarrollar el proyecto incrementalmente, añadiendo piezas al conjunto según el orden de su valor relativo y haciendo integración, documentación y pruebas de aceptación incrementalmente a medida que se va haciendo.” Esto puede sonar como una prescripción de métodos ágiles, pero estoy demasiado lejos actualmente de la construcción real de software como para hacer recomendaciones al nivel de metodologías. En cambio, estoy llamando a un enfoque de gestión, uno que bien podría orientar al equipo hacia métodos ágiles, al menos hacia los aspectos incrementales de la escuela agilista.

Y más adelante dice:

Consistencia y predictibilidad aún son deseables, pero nunca deberían haber sido las cosas más importantes. Durante los últimos 40 años, por ejemplo, nos hemos torturado a nosotros mismos con nuestra incapacidad para terminar un proyecto de software en tiempo y presupuesto. Pero como indicaba anteriormente, esto nunca debería haber sido el objetivo supremo. El objetivo más importante es la transformación, crear software que cambie el mundo o que transforme una compañía o cómo ésta hace sus negocios. En cambio hemos tenido éxito al transformar, frecuentemente mientras actuábamos fuera de nuestro ámbito de control. El desarrollo de software es y siempre será algo experimental. La verdadera construcción de software no es necesariamente experimental, pero la concepción sí lo es. Y hacia esto es hacia donde nos deberíamos enfocar. Es hacia donde siempre deberíamos haber estado enfocados.

Espero que la traducción de estos dos pequeños fragmentos sean suficientemente fieles. El objetivo no era hacer un resumen ni tampoco una traducción, sino colaborar en la difusión del mensaje.

Por cierto, si aún no habéis leído nada de Tom de Marco, os recomiendo encarecidamente dos libritos excelentes. Se leen muy rápido y se releen mucho más despacio (como los buenos libros). Se trata de “Peopleware” (Xavi, no se te olvide devolvermelo que está descatalogado en Amazon) y “Slack”. Ambos retratan nuestro mundo de personas obsesionadas por conseguir objetivos medibles y dan muchas pistas para tener éxito en quitarnos esas pesadas cargas de encima. :-) Vale, lo pondré en mi lista de resumenes de libros a bloguear.

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Hormigas en los garajes


Aprovecho para disculparme por no poder ir a la tercera Desconferencia de Ecosistemas Software, pero realmente lo que quiero es responder a Manuel Recena por su artículo “Exprimidores de carne”.

La encuesta de población activa (EPA) está en 4.010.700 personas desocupadas (más o menos) en su última “foto fija” del primer trimestre. A pesar de que es del primer trimestre, la tendencia sigue siendo ascendente (muy ascendente) y la tendencia del paro registrado tampoco es para tirar cohetes, a pesar de todos los planes y actuaciones de los diferentes gobiernos (nacional, autonómicos, provinciales y locales). Y artículos como el de Manu no son más que un reflejo de la opinión de muchos que, aparentemente, sólo podemos ver cómo la situación empeora sin poder hacer nada para remediarlo. Y lo peor está por venir… o eso dicen.

Yo no puedo coincidir con esta visión. Quizás tengo la ventaja de no estar viviendo “el día a día” desde dentro de ninguna empresa. Quizás es porque en este año sabático he podido desprenderme de muchos prejuicios (aunque quizás haya adquirido alguno nuevo, je, je). Pero estoy plenamente convencido de que aquí, en España en particular, aunque probablemente podamos generalizarlo al resto del planeta, los que realmente tienen un problema y están muertos de miedo son los que pretenden seguir haciendo lo mismo que han estado haciendo durante los últimos años. Pero el mundo ha cambiado y la desaparición de todos esos recursos financieros ficticios, que hacían que muchos vivieran en una prosperidad inapropiada, está poniendo a cada uno en su sitio.

Hasta ahora hemos vivido un verano donde las cigarras han vivido muy bien, e incluso se reían de las hormigas… pero el tiempo de las hormigas ha llegado. Es el momento de que demostremos que las pequeñas y medianas empresas de este país no necesitan a las administraciones públicas ni a las grandes corporaciones para sobrevivir a base de subvenciones ni subcontratas. Claro que eso significa que todos (TODOS) tenemos que revisar y, como dice mi amigo Joaquín, “poner en crisis” todos los procesos, objetivos, procedimientos, organizaciones, planes, dependencias, formaciones… Seguir pensando que los que nos han metido en el agujero son los que nos van a sacar es poco menos que un pelín inocente.

No creo que los directivos de las grandes organizaciones, dueños de los grandes presupuestos, estén dispuestos a cambiar el “status quo” existente durante tanto tiempo. ¿Pero a quién le importa si cambia o no el “status quo”? A los que dependen de esos presupuestos: empleados y funcionarios, subcontratados, subvencionados y directivos y mandos intermedios. De entre todos estos grupos, sólo los últimos tienen cierta capacidad para cambiar las cosas, pero estoy casi seguro de que ninguno estará dispuesto a tomar decisiones que le dejen “con el culo al aire”. Nunca lo han hecho y ahora mucho menos. El resto, me temo que están (estamos) a merced de las decisiones de estos, con lo cuál sus opciones están muy limitadas.

En cambio, la mayor parte del PIB no tiene que ver con estas grandes organizaciones, sino con las pymes, micropymes y otras modalidades de trabajador autónomo. Las necesidades de los ciudadanos, las verdaderas necesidades, tienen mucho más que ver con éstos que no con las que nos explican las grandes organizaciones. La verdadera economía, la de verdad, la que se puede tocar y viene de las verdaderas necesidades, es la formada por este tejido menos “glamuroso” pero más pegado a las personas.

¿Y qué tiene toda esta arenga política que ver con el agilismo? Pues mucho. Porque ser agilista representa un cambio de actitud, un cambio de valores, y sobre todo un cambio de mentalidad. La economía real necesita que aceptemos que las reglas del juego han cambiado y que, por tanto, tenemos que buscar nuevas fórmulas para seguir jugando. Y las diferentes metodologías ágiles, que se centran en el cliente y en darle valor al mismo, que aceptan el cambio en las necesidades del cliente como una realidad y no se parapetan detrás de burocracias ni contratos, éstas metodologías son las que podemos emplear para darle “la vuelta a la tortilla”. Y no necesitamos que las grandes consultoras (Capgemini, Indra, IBM, Everis, etc) sean las que lideren el cambio. Porque ellos y sus clientes están en el grupo de los que no quieren que nada cambie. Por tanto, es el momento de dejar de esperar que nos subcontraten y ofrecer nuestros servicios a los verdaderos líderes de la economía en nuestro país: las pymes, las micropymes y los autoempleados.

Bueno, puede que no esté en lo cierto. Puede que me equivoque. Pero, ¿qué sentido tiene “seguir talando árboles sin descanso en vez de detenerse un momento a afilar el hacha”? Es el momento de dejar de quejarse en la máquina de café, abrir el garaje y llenarlo de hormigas. Me refiero a que todos aquellos que estáis descontentos con cómo os tratan en vuestra empresa podéis (incluso si me aprietas, debéis) poneros en movimiento y hacer como los americanos en sus garajes. Buscaos un lugar donde empezar modestamente con vuestra idea. No es necesario (en todos los casos) que abandonéis vuestro actual empleo. Pero es importante que seáis capaces de desprenderos de ese miedo al futuro y dar la oportunidad a la INNOVACIÓN (no con minúsculas, sino con mayúsculas). Si esperáis a que esa idea brillante sea financiada por un banco o por una administración pública, lo lleváis claro, pero no es necesario: estrujáos la mollera, leed cómo lo hicieron otros que también empezaron en un garaje y veréis que es posible.

Quizás algún día nos veamos en algún garaje, quién sabe… :-)

P.S.
La foto es un homenaje a aquellos que empezaron en un garaje… pulsad en la foto y veréis a quién me refiero, porque creo que algo de éxito tuvieron. :-)

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Fe de erratas de la fe de erratas

¡Hola desde la playa! Y con una conexión a internet más propia del siglo XX que de éste.

Pero en fin, lo primero es pediros disculpas a los que habéis leído las últimas dos entradas y habéis querido leer “Reluctant Leader, Reluctant Follower”. No tuve la precaución de comprobar el enlace y estaba mal. Éste es el correcto.

Sólo me queda esperar que os guste al menos tanto como a mi.

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Liderar mediante el ejemplo

Hace mucho tiempo leí un artículo (creo que es éste, pero soy muy mayor y a veces me falla la memoria) donde Joshua Kerievsky comentaba cómo en su grupo de estudio de Patrones de Diseño, las reuniones a veces eran un lío porque se solapaba la gente mientras hablaba y que Martin Fowler comenzó a levantar el dedo para pedir la palabra. Al principio nadie le hacía caso, pero poco a poco fue imponiéndose la costumbre porque todos se fueron dando cuenta de que así se mejoraba la comunicación, todos se enteraban de lo que decían los demás y tenían la oportunidad de hablar sin necesidad de elevar el tono de voz.

Hoy estaba siguiendo el video de una charla (iba a decir mesa redonda, pero realmente la mesa no era redonda :-) ) en la que estaba presente mi venerado Martin Fowler. (Para los que les interese, la charla estaba organizada por ThoughtWorks para hablar -en inglés- sobre la nube y participaban gente como Neal Ford, Rebecca Parsons y otros). Después de una presentación más o menos formal por parte de uno de los organizadores, los miembros del panel comenzaron a dar su primera opinión sobre el tema. Pero en su primera intervención, Mr. Fowler hizo algo diferente. Se puso de pié para hablar. Y curiosamente, sin más, los demás intervinientes fueron siguiendo su ejemplo, hasta el final.

Si en tu día a día crees que los demás deberían hacer las cosas de otra manera y estás convencido de que las cosas no se pueden cambiar, quizás podrías intentar seguir el ejemplo de Martin Fowler y liderar mediante el ejemplo.

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Productividad vs agilismo

Estaba escribiendo una respuesta en la lista de Agile Spain a mi compañero Leo, y me he ido liando, liando… y al final me ha salido un alegato contra la falta de productividad. Y como queda un poco “off-topic” he decidido sacarlo al blog.

Pues bien, el caso es que el próximo día 3 de Junio, Ángel Medinilla dará una charla sobre Contratos ágiles subtitulada muy acertadamente “Vendiendo Scrum a tus clientes”. Lo que pasa es, y esa era la razón por la que comencé a responder a Leo, que creo que Ángel puede encontrarse con preguntas chungas del tipo “en España eso no se puede hacer”, “no veas cómo son mis clientes” y similares. No hace mucho unos amigos me dijeron justamente esto. Y lo peor de todo es que yo al menos no tengo argumentos suficientes para rebatirles.

Ayer estuve charlando con Xavi Albaladejo también sobre esto mismo y creo que ahora estoy mejor “armado”, puesto que puedo explicar que es posible plantear dos relaciones comerciales con los clientes: una basada en el clásico “fixed price and time” (precio y fecha cerrados) y otra basada en el contrato ágil, es decir, “time and materials” (horas x hombre cerrados) con alguna matización. A este último hay que conseguir quitarle ese “tufillo a charcutería prestación de servicios sin valor añadido” que algunos le encuentran porque no se lo explicamos bien, pero creo que esto es un problema menor.

Pero yo soy un “creyente” y sospecho que la lucha por convencer a los “no creyentes” puede ser muy dura cuando lleguemos a los argumentos fatalistas de “en España eso no se puede hacer”. Sobre todo porque muchos se escudan en ese fatalismo para no afrontar la realidad de su falta de productividad. Yo opino que el mayor problema que tenemos en nuestro sector no es que los clientes no nos quieran comprar proyectos ágiles (que no digo que no sea difícil) sino que no tenemos equipos productivos y capaces de adoptar una cultura ágil, donde todos debemos ser responsables y buscar la excelencia. Tengo la extraña sensación de que muchos equipos de desarrollo no son conscientes de que (hagan agilismo o no) no trabajan para su jefe (el que les paga las nóminas) sino para sus clientes (los que pagan las facturas y que sólo lo hacen de manera continuada si quedan satisfechos). Vale, también los continúan por razones “extra-comerciales”: sólo tengo 3 proveedores y este contrato le toca a fulanito -aunque siempre me entrega los proyectos tarde y con una calidad demencial-, o la fase X del proyecto ha sido una porquería, pero no me queda más remedio que dar la fase X+1 a los mismos porque ningún otro podría entender lo que hay hecho… Pero estas razones son muy tristes, ¿verdad?

Lo siento si alguien se molesta, pero sinceramente es lo que pienso. ¡Ah! Y no me vale que me digan que en el extranjero es igual que en España. A mi lo que me importa es que la productividad en España viene descendiendo de manera continuada desde el año 1995 y que parecemos estar cómodos con ello. La noticia es de 2006 pero no creo que hayamos mejorado significativamente desde entonces. Además, hay otros artículos más recientes (todos pre-crisis) que argumentan con más datos esto que digo.

Claro, si nuestros equipos son poco productivos porque el proceso de desarrollo es mejorable, la respuesta es fácil: mejora el proceso de desarrollo y aumentarás la productividad. Pero qué pasa si el problema es de actitud. Si cuando pides que de iteración a iteración mejoren la productividad y desde el becario hasta el jefe de proyecto, pasando por todos los seniors, ninguno asume su responsabilidad y trata de hacer mejor su trabajo y el de su equipo. He dicho mejor, no bien. Y lo digo sobre todo porque, como yo lo veo, esto del agilismo va de ir mejorando de manera continuada. Y aportar valor al cliente, no a tu jefe, sino al cliente.

Toda esta reflexión “en voz alta” me ha recordado lo que decía Ken Schwaber (uno de los autores de Scrum) pero entonces llegamos a otro tema peliagudo: la meritocracia (léase “¿son capaces nuestros gerentes de despedir a los vagos y a los inútiles?”). Glub, mejor no sigo. :-)

Bueno, Ángel, prepárate para la charla del día 3, porque si nadie te pregunta esto ya te lo preguntaré yo. (Si no me pierdo otra vez para llegar, claro)  :-D

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Gestionar proyectos

Hoy he terminado el curso de Scrum que imparte Angel Medinilla y que tuve que dejar a medias en octubre porque me pilló el nacimiento de mi segundo querubín.

Vale que yo iba bastante motivado, pero en la retrospectiva que ha planteado Ángel al final del curso mis compañeros lo han calificado como “completo” y “ameno”. Lo cierto es que no puede ser de otra manera. Ameno porque hemos jugado a pasarnos pelotas a ritmo de Jamiroquai o hemos visto videos como éste. Y completo porque no sólo hemos aprendido cómo se hace Scrum sino también sus principios y por qué es rentable para una empresa implantar esta metodología de gestión de proyectos.

Y además de todo esto, que es el objetivo estricto del curso, Ángel habla de muchas otras cosas y comparte su experiencia con los asistentes. Y favorece también que este intercambio de experiencias sea recíproco, con lo que todos nos enriquecemos muchísimo.

Pero yo no quería escribir para hacerle una cuña publicitaria (gratuita) a Ángel (bueno, quizás se la cobre más adelante… ya se me ocurrirá algo… je, je). Yo en realidad quería explicar que este curso de Scrum es también un curso de gestión de proyectos encubierto y, para qué engañarnos, es muy necesario formar a nuestros jefes de proyectos y líderes técnicos en lo que significa gestionar un proyecto y su relación con la rentabilidad si realmente queremos que nuestro sector sea competitivo (especialmente en estos tiempos de crisis y “cambios de modelos productivos”).

Ojalá hubiera muchas empresas en España que se dieran cuenta de que sólo es posible mejorar nuestra competitividad mediante incrementos significativos de nuestra productividad y que, como bien se ve en uno de los ejercicios que hemos hecho hoy con Ángel, no es posible producir incrementos significativos de la productividad simplemente confiando en que con el paso del tiempo tenemos más experiencia o en que “vamos a echarle más ganas”. Esperar que algo cambie sin hacer nada diferente es la definición de locura según Einstein.

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