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Hormigas en los garajes


Aprovecho para disculparme por no poder ir a la tercera Desconferencia de Ecosistemas Software, pero realmente lo que quiero es responder a Manuel Recena por su artículo “Exprimidores de carne”.

La encuesta de población activa (EPA) está en 4.010.700 personas desocupadas (más o menos) en su última “foto fija” del primer trimestre. A pesar de que es del primer trimestre, la tendencia sigue siendo ascendente (muy ascendente) y la tendencia del paro registrado tampoco es para tirar cohetes, a pesar de todos los planes y actuaciones de los diferentes gobiernos (nacional, autonómicos, provinciales y locales). Y artículos como el de Manu no son más que un reflejo de la opinión de muchos que, aparentemente, sólo podemos ver cómo la situación empeora sin poder hacer nada para remediarlo. Y lo peor está por venir… o eso dicen.

Yo no puedo coincidir con esta visión. Quizás tengo la ventaja de no estar viviendo “el día a día” desde dentro de ninguna empresa. Quizás es porque en este año sabático he podido desprenderme de muchos prejuicios (aunque quizás haya adquirido alguno nuevo, je, je). Pero estoy plenamente convencido de que aquí, en España en particular, aunque probablemente podamos generalizarlo al resto del planeta, los que realmente tienen un problema y están muertos de miedo son los que pretenden seguir haciendo lo mismo que han estado haciendo durante los últimos años. Pero el mundo ha cambiado y la desaparición de todos esos recursos financieros ficticios, que hacían que muchos vivieran en una prosperidad inapropiada, está poniendo a cada uno en su sitio.

Hasta ahora hemos vivido un verano donde las cigarras han vivido muy bien, e incluso se reían de las hormigas… pero el tiempo de las hormigas ha llegado. Es el momento de que demostremos que las pequeñas y medianas empresas de este país no necesitan a las administraciones públicas ni a las grandes corporaciones para sobrevivir a base de subvenciones ni subcontratas. Claro que eso significa que todos (TODOS) tenemos que revisar y, como dice mi amigo Joaquín, “poner en crisis” todos los procesos, objetivos, procedimientos, organizaciones, planes, dependencias, formaciones… Seguir pensando que los que nos han metido en el agujero son los que nos van a sacar es poco menos que un pelín inocente.

No creo que los directivos de las grandes organizaciones, dueños de los grandes presupuestos, estén dispuestos a cambiar el “status quo” existente durante tanto tiempo. ¿Pero a quién le importa si cambia o no el “status quo”? A los que dependen de esos presupuestos: empleados y funcionarios, subcontratados, subvencionados y directivos y mandos intermedios. De entre todos estos grupos, sólo los últimos tienen cierta capacidad para cambiar las cosas, pero estoy casi seguro de que ninguno estará dispuesto a tomar decisiones que le dejen “con el culo al aire”. Nunca lo han hecho y ahora mucho menos. El resto, me temo que están (estamos) a merced de las decisiones de estos, con lo cuál sus opciones están muy limitadas.

En cambio, la mayor parte del PIB no tiene que ver con estas grandes organizaciones, sino con las pymes, micropymes y otras modalidades de trabajador autónomo. Las necesidades de los ciudadanos, las verdaderas necesidades, tienen mucho más que ver con éstos que no con las que nos explican las grandes organizaciones. La verdadera economía, la de verdad, la que se puede tocar y viene de las verdaderas necesidades, es la formada por este tejido menos “glamuroso” pero más pegado a las personas.

¿Y qué tiene toda esta arenga política que ver con el agilismo? Pues mucho. Porque ser agilista representa un cambio de actitud, un cambio de valores, y sobre todo un cambio de mentalidad. La economía real necesita que aceptemos que las reglas del juego han cambiado y que, por tanto, tenemos que buscar nuevas fórmulas para seguir jugando. Y las diferentes metodologías ágiles, que se centran en el cliente y en darle valor al mismo, que aceptan el cambio en las necesidades del cliente como una realidad y no se parapetan detrás de burocracias ni contratos, éstas metodologías son las que podemos emplear para darle “la vuelta a la tortilla”. Y no necesitamos que las grandes consultoras (Capgemini, Indra, IBM, Everis, etc) sean las que lideren el cambio. Porque ellos y sus clientes están en el grupo de los que no quieren que nada cambie. Por tanto, es el momento de dejar de esperar que nos subcontraten y ofrecer nuestros servicios a los verdaderos líderes de la economía en nuestro país: las pymes, las micropymes y los autoempleados.

Bueno, puede que no esté en lo cierto. Puede que me equivoque. Pero, ¿qué sentido tiene “seguir talando árboles sin descanso en vez de detenerse un momento a afilar el hacha”? Es el momento de dejar de quejarse en la máquina de café, abrir el garaje y llenarlo de hormigas. Me refiero a que todos aquellos que estáis descontentos con cómo os tratan en vuestra empresa podéis (incluso si me aprietas, debéis) poneros en movimiento y hacer como los americanos en sus garajes. Buscaos un lugar donde empezar modestamente con vuestra idea. No es necesario (en todos los casos) que abandonéis vuestro actual empleo. Pero es importante que seáis capaces de desprenderos de ese miedo al futuro y dar la oportunidad a la INNOVACIÓN (no con minúsculas, sino con mayúsculas). Si esperáis a que esa idea brillante sea financiada por un banco o por una administración pública, lo lleváis claro, pero no es necesario: estrujáos la mollera, leed cómo lo hicieron otros que también empezaron en un garaje y veréis que es posible.

Quizás algún día nos veamos en algún garaje, quién sabe… :-)

P.S.
La foto es un homenaje a aquellos que empezaron en un garaje… pulsad en la foto y veréis a quién me refiero, porque creo que algo de éxito tuvieron. :-)

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Tengo precio

Alguien me dijo una vez que una regla a la hora de tener un blog es “mostrarse sin exhibirse”, pero estoy escuchando a “La Excepción” en el programa de Buenafuente mientras leo una noticia titulada “El alto precio de conectarse a Internet en España” y, claro, me he calentado.

Sospecho que la afinidad del noticiario con el actual gobierno les hace explicar lo aparentemente difícil que es comparar el acceso a Internet entre países y no indicar que el dato es aún más grave si se tiene en cuenta que el coste de la vida en España es menor que en muchos de los países donde el informe indica que el acceso es más barato.

La noticia es triste en sí misma pero encima los gobiernos (en plural, que también meto en el saco a los gobiernos autonómicos y locales y de diferentes signos políticos) llevan no sé cuántos años vendiéndonos que si la innovación, que si las Nuevas Tecnologías, que si la modernización… ¡Tonterías! Aquí ningún gobierno se lo toma realmente en serio. Es como la educación, la sanidad o las pensiones: lo utilizan como arma arrojadiza durante las campañas electorales y luego, ¡si te he visto no me acuerdo!

Lo que nadie parece darse cuenta es que España no ha evolucionado gran cosa (ni en hogares ni en empresas) desde la publicación del “Informe Juan Soto”, allá por el 2003. Y ojo, que antes ya había un Plan XXI que se gastó el presupuesto en… nada. Qué lástima, y no sólo por el dinero, sino sobre todo por el tiempo que se está perdiendo. Creo que no se han dado cuenta de que el modelo productivo de los últimos 20 años necesita ser renovado urgentemente y que la solución no puede estar basada en los clásicos empleadores masivos (construcción, automoción…).

Pido. Es más, como votante exijo: que los gobiernos de España (el central, los autonómicos y los locales) abaraten y faciliten urgentemente el acceso a las telecomunicaciones a particulares y empresas. El resto ya lo haremos nosotros los ciudadanos. Así que, en vez de ordeñarnos como “vacas electorales”, cread las condiciones para que sea nuestra creatividad la que estimule la actividad económica. ¿Queréis mi voto en las próximas elecciones? Sobornadme. Éste es mi precio.

Eso sí, me reservo el derecho a mantener mi chantaje. Para las siguientes elecciones os pediré algo más… como la publicación de un plan (con dotación presupuestaria, claro) de informatización de todos los juzgados de España, por ejemplo. Y otra cosa más para las siguientes, y así… y así… y así…

P.S.
Por cierto, ¿alguien sabe decirme (sin buscarlo en Google) el nombre del ministro o ministra de Ciencia e Innovación?

P.S.2
Vale, ¿pero y el porcentaje de Bibliotecas Municipales con acceso wi-fi en España en comparación con el del Reino Unido?

Actualización:
Y para colmo acabo de escuchar la enésima petición de “flexibilización del mercado laboral”. ¡Qué poca imaginación en nuestra clase política!

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