Agile significa Agile Software Development

Recién acabada la conferencia Agile 2010, organizada por la Agile Alliance, varios “pesos pesados” del agilismo a nivel internacional (UncleBob, Corey Haines, Cory Foy… incluso organizadores como J.B.Rainsberger) han señalado que la mayor conferencia sobre desarrollo ágil de software que se organiza en el planeta parece haber olvidado que hay algo muy relevante en esto del desarrollo de software: la programación. Como bien señala Martin Fowler en su blog, los “soft skills” son muy importantes para hacer bien nuestro trabajo, pero igualmente indica que “la programación juega un papel central en el desarrollo de software e intentos para marginarla correlacionan bien con caminos muertos” (como véis, Fowler es de origen inglés y eso se nota cuando escribe). :-)

Hace ya 10 años de la primera conferencia centrada en el agilismo (la XP2000), por lo que ya debe haber opiniones más que maduras al respecto. Es evidente que, como toda “marca” en un mercado, “Agile” está en pleno crecimiento a nivel masivo y eso implica que los “early adopters” ya están buscando un producto mejor. Así, ya tenemos en el paraguas de lo “agile” en relación al software, ideas venidas de otros sectores y las viejas ideas revisitadas como mejoras de las antiguas. También hay que tener en cuenta que hay países (como el nuestro) donde tanto el desarrollo de software como el agilismo van a diferentes velocidades a las marcadas en los países anglosajones y nórdicos (que son los que parecen marcar la tendencia principal). Y estas diferentes velocidades hacen que haya una mezcla de consumidores “ilustrados” y consumidores “ignorantes” (con todos los respetos para ambos “colectivos”). Ante esta heterogeneidad, el libre mercado hace de las suyas y convierte a consumidores “ignorantes” en productores “presuntamente ilustrados” y, sobre todo, potencia los productos de más fácil consumo. Como la tele. :(

Mi opinión es que es inútil intentar evitar que haya consultores, gestores, directores, certificadores, entrenadores, formadores… que vivan, con más o menos ética, con más o menos fortuna, de cada nuevo “buzz” y que nos aborden cada poco con su marketing. Entiendo que algunos prefieran seguir bajo el paraguas de lo “agile” porque les garantice clientes. También entiendo que algunos prefieran distinguirse de lo “agile” porque está empezando a desvirtuarse del conjunto de valores y principios que originaron el movimiento. ¿En el término medio está la virtud? Puede que sí, pero yo no soy muy dado a mezclar colores porque la experiencia me dice que cuando mezclas sin saber sólo te sale un color indeterminado que yo suelo denominar “caca” (quizás por exceso de rojo sangre y verde ecológico) ;-)

No quiero decir con esto que prefiera llevar todos los contenidos de programación a una conferencia aparte. Como decía alguien en twitter, hay que mantener en sincronía el mundo de gestión ágil con el de ingeniería ágil, o de lo contrario no habrá cambio cultural posible en las organizaciones. (Es mi opinión, claro)

Yo quiero ser un buen programador y quiero rodearme (intelectualmente) de buenos programadores. Creo que para llegar a ser un buen programador hay que practicar mucho (y bien) con otros. Para eso creo que tenemos que buscar dos cosas: foros donde poder adquirir estas habilidades prácticas, para poder dejar de comportarnos como onanistas de la programación, y un cambio de actitud en los programadores, para darnos cuenta de que se aprende mucho más y mejor en compañía (aunque ese “onanismo” pueda resultar placentero). Creo que en, en mi experiencia, la mayoría de las disfunciones de los equipos son debidas a miedos individuales, normalmente debidos a la falta de autoconfianza. A partir de ahí probablemente podamos empezar a tener confianza en nosotros mismos y pasar al siguiente escalón: ampliar nuestra visión “sólo técnica” y, de verdad, ser capaces de entender a las capas de gestión y comerciales de las empresas para las que trabajamos (los que trabajéis para una empresa por cuenta ajena, claro). En esa etapa ya seremos capaces de entender por qué hay gente que necesita una estimación fiable de cuánto va a costar desarrollar una funcionalidad. Pero también en esa etapa seremos capaces de defender con seguridad nuestras estimaciones (aunque no sean todo lo fiables que se necesiten) porque habremos perdido esa falta de autoconfianza que nos bloquea y nos pone a la defensiva.

Por todo esto defiendo la necesidad de potenciar eventos como la Conferencia SC2010 a la que asisitiremos unos cuantos desde España, o la XP Universe (que están arrancando Corey Haines y Cory Foy). Quiero aprender de estas Conferencias de Artesanos del Software para ser capaces de traer algo similar a nuestro país. Quiero que los programadores nos acostumbremos a participar en nuestras comunidades locales y a organizar eventos ligeros donde transmitir nuestras habilidades e ignorancias. Quiero que todos seamos aprendices y, con humildad y orgullo, busquemos el convertirnos en maestros. Quiero eso para poder pasar a la siguiente fase.

Con la ayuda de Xavi Gost y otros a los que ya he enredado en el pasado, estoy enredando en el presente y enredaré en el futuro, hemos creado hace casi un año agilismo.es con la intención de poner estos valores en un lugar relevante. Nos gusta nuestra profesión y queremos mejorar en ella. Pronto veréis que le vamos a dar una vuelta de tuerca a lo que hemos estado haciendo hasta ahora. Pero eso quedará para otro artículo. :)

Érase una vez… el diseño ágil con TDD

Después de varias semanas de retiro en las lejanas tierras de Huelva, obligado por razones familiares, y después del fenomenal éxito del libro “Diseño Ágil con TDD” que mi buen amigo Carlos Blé me ha dejado prologar, debo reconocer que ahora mismo no tengo mucho que aportar en este blog salvo extraer ese prólogo. Me siento bastante orgulloso de él, no sólo porque es original, sino porque creo que resume bastante bien cómo enfocar un desarrollo de software guiado por las pruebas además de reflejar el espíritu del cambio (aunque tardío) que se está produciendo en nuestro sector y que desde iniciativas como Agile Spain o agilismo.es trato de apoyar en primera persona. Espero que os guste:

Érase una vez que se era, un lejano país donde vivían dos cerditos, Pablo y Adrián, que además eran hermanos. Ambos eran los cerditos más listos de la granja y por eso el gallo Iván (el gerente de la misma) organizó una reunión en el establo, donde les encargó desarrollar un programa de ordenador para controlar el almacén de piensos. Les explicó que quería saber en todo momento cuántos sacos de grano había y quién metía y sacaba sacos de grano del almacén. Para ello sólo tenían un mes, pero les advirtió de que en una semana quería ya ver algo funcionando. Al final de esa primera semana, eliminaría a uno de los dos.

Adrián, que era el más joven e impulsivo, inmediatamente se puso manos a la obra. “¡No hay tiempo que perder!”, decía. Y empezó rápidamente a escribir lineas y lineas de código. Algunas eran de un reciente programa que había ayudado a escribir para la guardería de la vaca Paca. Adrián pensó que no eran muy diferentes un almacén de grano y una guardería. En el primero se guardan sacos y en el segundo pequeños animalitos. De acuerdo, tenía que retocar algunas cosillas para que aquello le sirviera, pero bueno, esto del software va de reutilizar lo que ya funciona, ¿no?

Pablo, sin embargo, antes de escribir una sola línea de código comenzó acordando con Iván dos cosas: qué era exactamente lo que podría ver dentro de una semana y cómo sabrían que efectivamente estaba terminada cada cosa. Iván quería poder conocer cuanto antes cuántos sacos de grano había en cada parte del almacén porque sospechaba que en algunas partes del almacén se estaban acumulando sacos sin control y se estaban estropeando. Como constantemente tenían que entrar y salir sacos del almacén, no podía saber cuántos había ahora mismo, así que acordaron ir contabilizando cuántos había en cada zona del almacén y que cada vez que entrara o saliera un saco apuntarían a qué zona iba o de qué zona venía. Así, en poco tiempo podrían tener una idea clara del uso que se estaba dando a las distintas zonas del almacén.

Mientras Adrián adelantaba a Pablo escribiendo muchas líneas de código, Pablo escribía primero las pruebas automatizadas. A Adrián eso le parecía una pérdida de tiempo. ¡Sólo tenían una semana para convencer a Iván!

Al final de la primera semana, la demo de Adrián fue espectacular, tenía un control de usuarios muy completo, hizo la demostración desde un móvil y enseñó además las posibilidades de un generador de informes muy potente que había desarrollado para otra granja anteriormente. Durante la demostración hubo dos o tres problemillas y tuvo que arrancar de nuevo el programa, pero salvo eso, todo fue genial. La demostración de Pablo fue mucho más modesta, pero cumplió con las expectativas de Iván y el programa no falló en ningún momento. Claro, todo lo que enseñó lo había probado muchísimas veces antes de hacer la demostración gracias a que había automatizado las pruebas. Pablo hacía TDD, es decir, nunca escribía una linea de código sin antes tener una prueba que le indicara un error. Adrián no podía creer que Pablo hubiera gastado más de la mitad de su tiempo en aquellas pruebas que no hacían más que retrasarle a la hora de escribir las funcionalidades que había pedido Iván. El programa de Adrián tenía muchos botones y muchísimas opciones, probablemente muchas más de las que jamás serían necesarias para lo que había pedido Iván, pero tenía un aspecto “muy profesional”.

Iván no supo qué hacer. La propuesta de Pablo era muy robusta y hacía justo lo que habían acordado. La propuesta de Adrián tenía cosillas que pulir, pero era muy prometedora. ¡Había hecho la demostración desde un móvil! Así que les propuso el siguiente trato: “Os pagaré un 50% más de lo que inicialmente habíamos presupuestado, pero sólo a aquel de los dos que me haga el mejor proyecto. Al otro no le daré nada.”. Era una oferta complicada porque por un lado, el que ganaba se llevaba mucho más de lo previsto. Muy tentador. Por el otro lado, corrían el riesgo de trabajar durante un mes completamente gratis. Mmmmm.

Adrián, tan impulsivo y arrogante como siempre, no dudó ni un instante. “¡Trato hecho!”, dijo. Pablo explicó que aceptaría sólo si Iván se comprometía a colaborar como lo había hecho durante la primera semana. A Iván le pareció razonable y les convocó a ambos para que le enseñaran el resultado final en tres semanas.

Adrián se marchó pitando y llamó a su primo Sixto, que sabía mucho y le aseguraría la victoria, aunque tuviera que darle parte de las ganancias. Ambos se pusieron rápidamente manos a la obra. Mientras Adrián arreglaba los defectillos encontrados durante la demo, Sixto se encargó de diseñar una arquitectura que permitiera enviar mensajes desde el móvil hasta un webservice que permitía encolar cualquier operación para ser procesada en paralelo por varios servidores y así garantizar que el sistema estaría en disposición de dar servicio 24 horas al día los 7 días de la semana.

Mientras tanto, Pablo se reunió con Iván y Bernardo (el encargado del almacén) para ver cuáles deberían ser las siguientes funcionalidades a desarrollar. Les pidió que le explicaran, para cada petición, qué beneficio obtenía la granja con cada nueva funcionalidad. Y así, poco a poco, fueron elaborando una lista de funcionalidades priorizadas y resumidas en una serie de tarjetas. A continuación Pablo fue, tarjeta a tarjeta, discutiendo con Iván y Bernardo cuánto tiempo podría tardar en terminarlas. De paso aprovechó para anotar algunos criterios que luego les servirían para considerar que esa funcionalidad estaría completamente terminada y eliminar alguna ambigüedad que fuera surgiendo. Cuando Pablo pensó que, por su experiencia, no podría hacer más trabajo que el que ya habían discutido, dió por concluida la reunión y se dispuso a trabajar. Antes que nada resolvió un par de defectos que habían surgido durante la demostración y le pidió a Iván que lo validara. A continuación se marchó a casa a descansar. Al día siguiente, cogió la primera de las tarjetas y, como ya había hecho durante la semana anterior, comenzó a automatizar los criterios de aceptación acordados con Iván y Bernardo. Y luego, fue escribiendo la parte del programa que hacía que se cumplieran esos criterios de aceptación. Pablo le había pedido ayuda a su amigo Hudson, un coyote vegetariano que había venido desde América a pasar el invierno. Hudson no sabía programar, pero era muy rápido haciendo cosas sencillas. Pablo le encargó que comprobara constantemente los criterios de aceptación que él había automatizado. Así, cada vez que Pablo hacía algún cambio en su programa, avisaba a Hudson y éste hacía, una tras otra, todas las pruebas de aceptación que Pablo iba escribiendo. Y cada vez había más. ¡Este Hudson era realmente veloz e incansable!

A medida que iba pasando el tiempo, Adrián y Sixto tenían cada vez más problemas. Le terminaron echando la culpa a todo el mundo. A Iván porque no les había explicado detalles importantísimos para el éxito del proyecto. A la vaca Paca porque había incluido una serie de cambios en el programa de la guardería que hacía que no pudieran reutilizar casi nada. A los inventores de los SMS y los webservices porque no tenían ni idea de cómo funciona una granja. Eran tantos los frentes que tenían abiertos que tuvieron que prescindir del envío de SMS y buscaron un generador de páginas web que les permitiera dibujar el flujo de navegación en un gráfico y a partir de ahí generar el esqueleto de la aplicación. ¡Eso seguro que les ahorraría mucho tiempo! Al poco tiempo, Sixto, harto de ver que Adrián no valoraba sus aportaciones y que ya no se iban a usar sus ideas para enviar y recibir los SMS, decidió que se marchaba, aun renunciando a su parte de los beneficios. Total, él ya no creía que fueran a ser capaces de ganar la competición.

Mientras tanto, Pablo le pidió un par de veces a Iván y a Bernardo que le validaran si lo que llevaba hecho hasta aquel momento era de su agrado. Les hizo un par de demostraciones durante aquellas 3 semanas, lo que sirvió para corregir algunos defectos y cambiar algunas prioridades. Iván y Bernardo estaban francamente contentos con el trabajo de Pablo. Sin embargo, entre ellos comentaron más de una vez: “¿Qué estará haciendo Adrián? ¿Cómo lo llevará?”.

Cuando se acercaba la fecha final para entregar el programa, Adrián se quedó sin dormir un par de noches para así poder entregar su programa. Pero eran tantos los defectos que había ido acumulando, que cada vez que arreglaba una cosa le fallaba otra. De hecho, cuando llegó la hora de la demostración, Adrián sólo pudo enseñar el programa instalado en su portátil (el único sitio donde funcionaba a duras penas) y fue todo un desastre: mensajes de error por todos sitios, comportamientos inesperados… y lo peor de todo: el programa no hacía lo que habían acordado con Iván.

Pablo, sin embargo, no tuvo ningún problema en enseñar lo que llevaba funcionando desde hacía mucho tiempo y tantas veces había probado. Por si acaso, dos días antes de la entrega, Pablo había dejado de introducir nuevas características al programa porque quería centrarse en dar un buen manual de usuario, que Iván había olvidado mencionar en las primeras reuniones porque daba por sentado que se lo entregarían. Claro, Adrián no había tenido tiempo para nada de eso.

Moraleja:

Además de toda una serie de buenas prácticas y un proceso de desarrollo ágil, Pablo hizo algo que Adrián despreció: acordó con Iván (el cliente) y con Bernardo (el usuario) los criterios mediante los cuáles se comprobaría que cada una de las funcionalidades estaría bien acabada. A eso que solemos llamar “criterios de aceptación”, Pablo le añadió la posibilidad de automatizar su ejecución e incorporarlos en un proceso de integración continua (que es lo que representa su amigo Hudson en este cuento). De esta manera, Pablo estaba siempre tranquilo de que no estaba estropeando nada viejo con cada nueva modificación. Al evitar volver a trabajar sobre asuntos ya acabados, Pablo era más eficiente. En el corto plazo, las diferencias entre ambos enfoques no parecen significativas, pero en el medio y largo plazo, es evidente que escribir las pruebas antes de desarrollar la solución es mucho más eficaz y eficiente.

En este libro que ahora tienes entre tus manos, y después de este inusual prólogo, te invito a leer cómo Carlos explica bien clarito cómo guiar el desarrollo de software mediante la técnica de escribir antes las pruebas (más conocido como TDD).

Un cordial saludo,
Jose Manuel Beas

Espero que después de leer esto, los que no hayáis comprado el libro de Carlos sintáis un impulso irrefrenable y lo hagáis rápidamente, y los que ya los hayáis comprado, o al menos leído, dejéis un comentario aquí sobre qué os ha parecido. ¿Cómo mejoraríais la historia? ¿Qué le quitaríais? ¿Le daríais otro enfoque?

Muchos temas pendientes

Tengo pendientes ya demasiadas cosas. Tantas que me van a salir hasta telarañas (como las de la foto). No sé si tengo justificación para todas, pero tampoco es que vaya a cambiar nada el poner excusas. Así que voy a hacer un pequeño resumen (otro) del estado de mi vida y así, de paso, me ayudará a poner en orden mis prioridades.

Contenidos recuperados

Tengo pendiente la segunda parte de la explicación de cómo conseguí importar mi viejo blog usando Groovy y la API de Google Reader. Esto es algo que requiere bastante esfuerzo pues, aunque tengo el código escrito, hay que explicarlo convenientemente (no es mi mejor pieza de código y no es suficientemente autoexplicativa) y además tengo que buscar un plugin de WordPress o algo que permita que el código fuente se vea decentemente. Se admiten sugerencias.

Claro, ahora que Google ha tenido a bien devolverme el viejo blog, algunas tareas de mejora sobre el proceso de recuperación pierden interés (me refiero a que hay anuncios que han quedado empotrados en los artículos importados y a que los enlaces han quedado apuntando al viejo blog) y aparecen necesidades nuevas. Lo primero que he hecho ha sido hacerme una copia de seguridad tanto de los contenidos -incluyendo los comentarios y la plantilla- y lo segundo poner un aviso de que me he mudado “para que conste”. Así que ahora he pensado que lo ideal sería importar esa copia de seguridad al nuevo blog, pero tengo que hacer una prueba en local y todo eso antes de hacer el cambio… y me está dando una pereza…

En cualquier caso, prometo escribir (pronto) la segunda parte del artículo sobre cómo importé el contenido del viejo blog. Aunque sólo sea porque lo prometido es deuda.

Reunión Agile Madrid

Tengo también pendiente el resumen de la última reunión del grupo local de Agile Spain en Madrid. Lo que pasa es que Alberto Peña (@plagelao) ha hecho tan buen resumen en su blog que casi que me voy a quedar en dejar constancia y poco más. Ya he subido las diapositivas que utilicé, pero no subiré las notas que escribí para ayudarme porque realmente no aportan nada a la presentación. Sólo para quede constancia: no es ni mucho menos mi mejor presentación; y me alegro mucho, mucho, de que se me olvidara comprobar el espacio en disco antes de empezar a grabar el video, y vuelvo a pedir disculpas públicamente a mis compañeros del grupo de Agile Spain por no haberme preparado bien la presentación. Podríamos haber aprovechado mucho más la reunión. Aunque son gente estupenda: no hicieron sangre conmigo y además me ayudaron a que el resultado final de la reunión fuera muy positivo.

Mi resumen de la discusión es el siguiente:

La confianza es el valor más difícil de alcanzar dentro de un equipo que se quiera autoproclamar ágil. Confianza en sí mismos, confianza entre ellos y confianza hacia el exterior (incluyendo a otros departamentos y, sobre todo, al cliente).

Yo siempre había pensado que la clave estaba en el coraje y la autoexigencia, pero después de esta reunión me di cuenta de que éstos son valores individuales, que requieren un esfuerzo individual. Pero el mayor obstáculo para ser ágil es un obstáculo colectivo: la confianza. Es relativamente fácil confiar en uno mismo, pero confiar en los demás… ay, ay, eso ya es otra cosa. Y que los demás confíen en nosotros… eso ya ni te cuento. ¿Verdad?

Agilismo.es

También estoy arrancando agilismo.es con el inefable Xavi Gost. Queremos hacer de agilismo.es un portal de referencia para el agilismo desde su perspectiva más de las trincheras. Hay ya muchos portales en español sobre Scrum y en general desde un punto de vista de la gestión de los proyectos. Por ejemplo, Proyectos Agiles (que dirige Xavier Albaladejo) es muy buen punto de referencia para esto. También Scrum Manager (iniciativa de Juan Palacio). Pero hemos visto que hay una gran carencia de contenidos de calidad cuando nos ponemos a buscar, desde el punto de vista de los desarrolladores, referencias en español sobre Extreme Programming, Integración Continua, TDD, Programación por Parejas, etc.

Ahora mismo es poco más que una “página güeb” donde este tipo y yo nos ofrecemos para dar coaching, pero no dudéis que va a ir creciendo rápidamente, con contenidos propios y de calidad.

iExpertos.com

Con Carlos Blé y su iExpertos.com tengo una relación muy curiosa. Además de proporcionarme “por la cara” el wordpress donde tengo mi nuevo blog, Carlos se ha empeñado en que yo puedo dar cursos. Bueno, a mi también me ha parecido buena idea, claro. Yo le había propuesto dar un taller sobre Integración Continua, pero no cuajó. Ahora parece que hay posibilidades de uno sobre Refactoring. Éste es más complicado porque requiere preparar muy bien el material. Pero me parece un taller muy, muy bonito. Ya veremos si sale y si lo puedo hacer yo o lo hace el propio Carlos, que de eso también sabe.

Por otro lado, hace tiempo le comenté que podríamos hacer un podcast “agilismo.es powered by iExpertos.com” y el tío ya tiene casi todo montado. Hasta hemos tenido que decir que no a Jorge Rubira para grabar un podcast de JavaHispano sobre el Agile Open Spain 2009, porque queríamos sacar el primer podcast antes de Navidades y Jorge ya no tenía hueco. Carlos es un tipo muy emprendedor e incluso se ha buscado un amigo que nos ha hecho una sintonía para no tener que pagarle a Ramoncín. Je, je.

También estamos pendientes, junto con Gregorio Mena, de arrancar una serie de webinars. Esto último es mucho más complicado incluso que el podcast, que ya tiene miga. Pero si conseguimos darle forma va a ser un bombazo.

¡Ah! Y el ya casi famoso libro de TDD de Carlos… adivinad quién ha escrito el prólogo… y no es el típico prólogo. Pero para saber de qué va lo tendréis que descargar. ¡Que será gratis!

Trabajo

Y la noticia de la semana es que ya tengo trabajo. La verdad es que ya casi tenía trabajo. Estaba a punto de cerrar un acuerdo para teletrabajar de “freelance” programando un par de aplicaciones JSF en un equipo scrum de tres personas (una jefa de proyecto, un junior y un servidor). Iba a ser mi primera experiencia como trabajador por cuenta propia. Pero hablo en pretérito imperfecto porque ayer por la mañana fui a una entrevista a la que había llegado convocado a través del INEM. (Sí, ya sé que es un poco extraño, pero ha sido así). Y resulta que he aceptado trabajar en un proyecto de 6 meses para el Ayuntamiento de Alcobendas. Bueno, y ellos también han aceptado trabajar conmigo, claro.

Estoy seguro de que va a ser un proyecto muy bonito en el que voy a poder aprender mucho. Creo que será muy bueno también para el Ayuntamiento, para los empleados a los que voy a ayudar y en última instancia para los ciudadanos. Durante la entrevista les expliqué por encima esto del agilismo y “alucinaron”. Claro. Les gusta mucho eso de ir teniendo “software que funciona”. Pero a continuación les cambia el gesto cuando se acuerdan de “las cosas de palacio van despacio”. Je, je. Dentro de un par de meses ya veremos quién ha sido más testarudo: si yo y mi “agilismo de guerrilla dentro de la recalcitrante administración pública” (parece el título de una peli de miedo) o ellos con su “no, no nos moverán”. Sospecho que ganaré yo. Mis armas son mucho más poderosas. Estoy dotado de un optimismo a prueba de bomba y ellos no. Todavía.

Coding Dojo

¡Pero esto NO es todo, amigos! El día 22 (el día de la Lotería) estamos montando un “coding dojo” en las intalaciones que Okuri Spaces tiene en el barrio de Tetuán (en Madrid). El maestro Xavi Gost vendrá a darnos una clase de su kung-fú programando en Java una aplicación para hacer un “pomodoro”. Y eso en un “pomodoro” de duración: 25 minutos. La sala es pequeña (apenas cabrán sentados unas 20 personas), pero lo grabaremos, tranquilos. Será gratis y la idea es que nos sirva para promocionar agilismo.es powered by autentia, que si todo va bien será una iniciativa muy interesante relacionada con la formación de calidad y de la que por el momento no os puedo comentar más porque tampoco hay mucho más y porque, ¡qué caramba!, hay que crear un poco de expectación.

En fin, esperemos a ver qué tal nos lo pasamos en el Dojo y si alguno de vosotros se decide a venir, no olvidéis saludarme, que a todo bloguero le hace ilusión conocer a sus lectores.