Tiempos de liminalidad

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Estoy en casa de mis padres para pasar estas fechas tan señaladas. Para mí, la Navidad es ese período que va desde que empiezas a hacer la maleta, hasta que vuelves a casa y te enganchas de nuevo al ritmo del resto del universo. Es lo que se conoce como un tiempo liminal, el que sucede entre dos estados que podemos identificar claramente. También existen espacios liminales: los no-lugares. Los pasillos, por ejemplo. Voy a dedicar esta penúltima entrada de 2017 a un libro que he leído durante este año y que me ha gustado mucho. Gracias a él entiendo mejor cómo tomamos decisiones. Se trata de “Liminal Thinking”, de Dave Gray.

No te voy a aburrir con la definición de liminalidad que aparece en Wikipedia, pero sí te diré que la entrada en inglés es mucho más completa y que alude a áreas tan diversas como la psicología, la religión o la antropología. En cualquier caso, la liminalidad como fenómeno antropológico es la transición de una persona entre dos estados de identidad claros, normalmente marcados por rituales. Por ejemplo, ese período desde que una pareja decide casarse hasta que lo hacen efectivo.

¿Por qué es relevante para mí este concepto de la liminalidad?

En el libro, Dave Gray dice que “el pensamiento liminal es un tipo de agilidad psicológica que te permite navegar con éxito por estos tiempos de transición. Consiste en la habilidad de leer tus propias creencias y necesidades, así como las creencias y necesidades de los demás, y el hábito de evaluar, validar y cambiar continuamente tus creencias para satisfacer mejor tus necesidades.”

Estoy plenamente convencido de que eso que muchos estamos definiendo como mentalidad Agile está fuertemente relacionado con esta capacidad de pensar con soltura en situaciones de incertidumbre, o como digo frecuentemente, de sentirnos cómodos en lo incómodo. Además, nos ayuda a comprender cómo nuestras propias creencias nos impiden encontrar mejores soluciones a los problemas. Por ejemplo, si queremos navegar  en problemas complejos (solos o en compañía), necesitamos ser capaces de liberarnos de los sesgos que nos impiden ver la realidad desde otras perspectivas.

Por todo ello creo que “Liminal Thinking” es un libro al que todo agilista debería echar un vistazo.

Es un libro corto, bien estructurado y con ilustraciones que ayudan a avanzar fácilmente a través de los diferentes conceptos.  Presenta una teoría completa para entender y manejar nuestras creencias. Se divide en dos partes bien diferenciadas: los principios y las prácticas, aunque al final de cada capítulo (ya sea de un principio o de una práctica) nos propone un ejercicio para que nos retemos a nosotros mismos y profundicemos en el análisis de nuestras creencias.

Los principios

El espacio liminal entre la realidad y lo que consideramos obvio está ocupado por la pirámide de creencias, inspirada en la escalera de inferencias.

Pretendemos que esas creencias son representaciones perfectas del mundo, aunque de hecho son apenas simplificaciones que creamos para navegar en una realidad compleja y desconocida. Observamos sólo una pequeña parte de lo que nos sucede,  y en base a esas observaciones creamos nuestras propias teorías y opiniones. Con esto reducimos la parte desconocida de la realidad a un modelo suficientemente sencillo y fácil de usar en nuestra vida diaria. Científicamente hablando: todos llevamos un “cuñao” dentro. 😀

Sobre estas teorías y opiniones basamos nuestras creencias, que además se refuerzan por las creencias de las personas que nos rodean y por la educación que recibimos, por lo que es fácil confundirlas con la realidad. Es lo que llamamos la burbuja de creencias, que se mantiene gracias a una lógica autoreferenciada (por tanto, falaz) y que protege nuestras creencias, manteniendo las creencias alternativas alejadas de lo que consideramos como posible. Como el mito de Papá Noel o los Reyes Magos para los niños. Ellos viven dentro de esa burbuja de creencias que los adultos ayudamos a mantener intacta durante el mayor tiempo posible, pues a su vez creemos que eso es bueno para los niños.

Las creencias son el material psicológico que usamos para co-crear un mundo compartido, de manera que podamos vivir, trabajar y hacer cosas juntos. Además, son las que nos permiten identificarnos con nosotros mismos y con los demás, aquellos que tienen nuestras mismas creencias. Los aficionados del Real Madrid creen que “el Real Madrid es el mejor equipo del mundo” y por eso se identifican con los otros aficionados que piensan igual que ellos. Ellos no saben, ni quieren saber, que están equivocados. Sólo hechos incontestables como un 0-3 pueden hacer que su burbuja de creencias se pueda ver cuestionada. 😉

Cambiar un mundo compartido requiere modificar las creencias subyacentes. Además, el bucle de aprendizaje (Necesidad -> Creencia -> Acción -> Resultado) que vemos en el diagrama a continuación, retroalimenta nuestras creencias, creando hábitos y comportamientos en nosotros mismos. Estos ciclos de aprendizaje arrancan cuando sentimos una necesidad, entonces probamos algo (basándonos en nuestras creencias) y cerramos el ciclo de aprendizaje interpretando el resultado de esa experiencia con los filtros de nuestra subjetividad, reforzando nuestras creencias.

En definitiva, cambiar nuestras creencias más íntimas, las que guían nuestros comportamientos, implica cambiar nuestra identidad personal y nuestra autoestima, por tanto no podemos cambiarlas sin cambiar nosotros mismos.

Las prácticas

El autor propone nueve prácticas para ayudarnos a minimizar la distorsión de la realidad, concebir otras posibilidades y crear cambios positivos:

  1. Asume que no eres objetivo.
  2. Para, mira, y escucha. Deja de juzgar.
  3. Crea un espacio seguro.
  4. Triangula y valida tus creencias.
  5. Pregunta y conecta para crear nuevas oportunidades.
  6. Deja de actuar con el piloto automático.
  7. Actua como si otras oportunidades fueran reales.
  8. La mejor manera de compartir una nueva creencia no es con hechos sino con una historia.
  9. Mantente dispuesto a cambiar tú mismo.

Seguramente podamos imaginar más prácticas, pero esta lista ya va bien porque es relativamente fácil de tener en mente. Como casi todo, lo difícil es interiorizarlas para aplicarlas sin pensar.

¿Para qué podemos usar el pensamiento liminal?

No hace mucho ya escribí sobre cómo este libro me había inspirado para ser más consciente de cómo nuestras creencias afectaban a nuestras decisiones en un entorno multicultural. En ese artículo ya daba algunas pinceladas de para qué podemos usar estos principios y prácticas. Creo que también podemos sacar muchos aprendizajes sobre complejidad. Seguramente escribiré sobre ello en un futuro no muy lejano.

En cualquier caso, la conclusión más importante que he extraído de este libro es que, si queremos ayudar a que una organización adopte Agile con éxito, es decir, sin grandes sufrimientos y de manera sostenible, debemos trabajar en que las personas que forman parte de la misma puedan romper sus burbujas de creencias.

Como hemos visto más arriba, no es tarea fácil, pero ya contamos con diferentes técnicas que ir metiendo en nuestra caja de herramientas. Por ejemplo, ser capaces de identificar sesgos en nuestros razonamientos es una habilidad muy útil. Te recomiendo este artículo de Gerard Chiva. Otra técnica interesante que nos puede ayudar es el reframing, del que escuché por primera vez de boca de Erich Buhler, durante un taller sobre su Enterprise Social Systems.

¿Y a ti? ¿Para qué otras cosas se te ocurre que podemos usar el pensamiento liminal? Por favor, deja tu comentario ahí abajo. Y comparte el artículo si te parece que le puede resultar útil a alguien más.

 

FOTO: Esta semana he visitado a en las oficinas de Fjord Madrid y, entre las muchas ideas que inoculó esa mañana en mi cabeza, se me quedó grabada la imagen de la liminalidad del atardecer, en contrapunto a la del amanecer. ¿Qué vas a hacer cuando sea de noche? Debes prepararte mientras aún haya luz.