Ya está bien

Hace unos 4 años escribí en este blog sobre el despido de TVE a Ana Pastor y la indignación que ello me provocaba. La semana pasada, tristemente, nos encontramos en un escenario similar. Fernando Berlín () ha sido despedido de la cadena SER; un medio de comunicación privado, pero un medio de comunicación al fin y al cabo. Este lunes, los seguidores de La Cafetera, su programa de radio clandestino, hemos conocido los detalles de este despido. El hecho objetivo es que es una señal más de una degradación de la vida política en España. La falta de pluralidad en los medios creadores de opinión en nuestro país es alarmante.

Hace meses decidí centrarme en mi actividad profesional y, como consecuencia, también fui abandonando mi actividad política en público. No soy miembro activo de ningún partido, pero no sólo se participa en política desde los partidos, también se hace tratando de influir e incluso convencer a nuestros conciudadanos. Los últimos hechos, que no puedo describir de otra manera que de “desvergüenza”, han tirado de mí. Porque ya está bien.

Durante las sesiones del debate de investidura fallida de Rajoy, he escuchado con atención los discursos del actual Presidente del Gobierno en funciones, candidato a la Presidencia, y del resto de representantes de los grupos parlamentarios. He tenido que oir todo tipo de falacias, especialmente por parte del candidato, de medias verdades e incluso de falsedades. Así, tal cual. Donde alguien había dicho que jamás aceptaría tal, ahora buscaba un argumento para justificar la postura totalmente contraria. Sin sonrojo, sin pedir disculpas, sin más.

“Rajoy ha ganado”, “Los demás son el obstáculo”, “Los españoles quieren…”, son falacias muy groseras que llevamos oyendo como una letanía con el único objetivo de que las aceptemos como ciertas. Falacias que tienen su máxima expresión en la neolengua que se ha venido imponiendo en los últimos años. “Ajustes económicos”, “Moderación salarial”, “Reformas estructurales”, “Desaceleración”, “Voto responsable”, etc. Aunque son ampliamente superadas por el retorcimiento de la verdad que nos desayunamos un día sí y otro también: “Yo destapé la Gürtel”, “El PP lucha contra la corrupción”, “Nadie quiere unas terceras elecciones”… o incluso con chantajes como “un gobierno sin el PP no podrá gobernar” o “las elecciones en Navidad”.

Estaría bien tener medios de comunicación que nos advirtieran (protegieran) de estas manipulaciones, pero seguro que tú también has encontrado titulares que desvelan, sin pudor alguno, la falta de independencia (y por tanto de credibilidad) que hay en el periodismo en España. Despidos como el de Fernando Berlín (o antes el de Nacho Escolar), noticias que NO aparecen en los medios de mayor difusión, o el escaso recorrido que tienen anuncios como el del Ayuntamiento de Madrid sobre la deuda del Real Madrid, son señales evidentes de que el periodismo tal y como lo conocíamos hasta ahora está definitivamente desmontado. La prensa libre de hoy es la que financiamos directamente sus lectores u oyentes: como eldiario.es, Infolibre, CTXT, La marea, La Cafetera, etc. Curiosamente, ninguno de ellos con una linea editorial conservadora (al estilo de EL PAIS, EL MUNDO, El Confidencial, Antena3 o la SER) o incluso reaccionaria (al estilo de ABC, LA RAZÓN, 13tv o COPE).

El caso del intento de “enchufe” del ex-ministro Soria en el Banco Mundial está siendo especialmente vergonzante. Y no me queda nada claro si es un cálculo electoral en Galicia y País Vasco lo que ha hecho recular al Gobierno o más bien la influencia de algunos movimientos internos dentro del propio PP. Lo es muy seguro es que “la presión social” (ya sabes, el tuiter y los tertulianos) no ha tenido nada que ver.

La presión social no existe pues el periodismo, que antes representaba una suerte de conexión con el sentir de la sociedad, ahora está desmontado y no puede ejercer ningún tipo de contrapoder. Las redes sociales son mucho ruido y pocas nueces. Por un lado nos encontramos con una corrección política que, con la excusa de mantener el orden, presiona a las opiniones discordantes para que no se expresen. Por otro lado hay cero reflexión y demasiada reacción visceral. En medio, un océano de cinismo. Ya nadie sale a la calle a protestar por lo que creemos injusto.

Siento estar tan pesimista con todo esto, pero siento que es un reflejo de una limitación creciente que percibo en mi vida (personal y profesional). Con el 15-M sentía que se abría el camino hacia una nueva cultura, en la que sería mucho más fácil romper las barreras que las culturas aspiracionales presentan para realizar el tipo de cambios que deseo. Siento que estas señales de periodismo desmontado, de políticos ensimismados, de sociedad cínica, son señales de algo aun más grave y que no me cuesta digerir. Siento que estamos siendo engullidos (de nuevo) por una espiral del silencio y que no nos podemos permitir el lujo de permanecer inertes.

Lo peor de todo no son los partidos, que ya es decir. Somos nosotros, los ciudadanos, los que vamos a votar y, sobre todo, los que no. Los que votan al PP ya me parecen unos becerros (seres sin capacidad de entender lo que les rodea, distinguir los hechos de las manipulaciones, tener criterio propio y actuar con autonomía en defensa de sus intereses y no de las de sus amos), pero los que se quedan en casa en la comodidad del discurso cínico “Son todos iguales”, “Yo paso, al final hacen lo que les da la gana” y otros similares, no me merecen tampoco ningún respeto.

Ya sé, lo digo desde la comodidad de un mundo moderno, pero un mundo que existe gracias a los progresos logrados por los sacrificios de esos a los que llamáis “utópicos”, “perroflautas” y demás calificativos despectivos. Vosotras, mujeres, ¿por qué creéis que podéis votar? Y vosotros, jubilados, ¿por qué creéis que podéis recibir una pensión al final de vuestra vida? O vosotros, padres primerizos, ¿por qué creéis que hay una sanidad y una escuela públicas? ¿Cómo demonios pensáis que han llegado esos beneficios a nuestra vida de pretendida “clase media”? ¿Nos los hemos ganado nosotros acaso? Si ni siquiera pagáis por Whatsapp y os indignáis cuando no funciona bien.

Tenemos que mover el culo, dejar de quejarnos por Twitter y organizarnos. Históricamente, los avances sociales sólo se han conseguido de dos maneras: porque un grupo interesado utilizó a las clases inferiores para arrebatar beneficios a una clase superior o, porque las clases inferiores tomaron conciencia de su poder y se unieron para acabar con los abusos de las clases superiores. Programa o sé programado. Dirige o serás dirigido. Alza tu voz, encuentra a los que piensan como tú y acabemos con esta espiral del silencio. Movilicémonos y movilicemos a los que tenemos a nuestro alrededor. Dejemos de separar lo profesional de lo personal y hablemos de política, de ideales, de cómo queremos que sea el mundo. Hablemos con nuestros compañeros sobre cómo arreglar lo que está a nuestro alrededor. Mañana, mejor hoy. Sin pedir permiso. Porque ya está bien.