Ahora

El otro día comentaba en Snapchat que conoce a poca gente en su entorno proclive a reirse de sí misma y que, en general, tratamos de cuidar nuestra imagen profesional pública, quizás en exceso. Y me dejó pensando un buen rato porque me he visto tristemente reflejado.

El viernes, por ejemplo, acababa de repasar el último artículo de este blog y me planteaba si sería adecuado publicarlo entonces, o si debería esperar al domingo porque recibirá más atención. Finalmente me decidí a darle al botón. Y me sentí liberado, como si hubiera sido capaz de decirle a todo el mundo algo que llevaba mucho tiempo queriendo contar. Vale, se trataba de un artículo especialmente emotivo y que llevaba varios días escribiendo, pero estuve a punto de posponer su publicación simplemente porque “no era el momento adecuado”. ¿Qué caramba es “el momento adecuado” si se trata de mi blog personal?

Así pues, he decidido que desde hoy publicaré todo lo que me venga a la cabeza, sin más. Ya basta de tener decenas de ideas pendientes de ser escritas y de que vayan saliendo en el orden adecuado, con el título más ajustado, con el formato más apropiado… Basta ya de pretender cuidar mi marca personal como si eso fuera más importante que mi opinión personal. Este blog es mi propio medio de comunicación. Puedo publicar cuando quiera, sin pedirle permiso a nadie y así lo haré a partir de ahora.