La importancia de preguntar por qué

El otro día tuiteé esto al aire.

Sí, se trataba de una pregunta trampa. Por supuesto, las leyes de la Física nos dicen que es imposible, al menos con esas restricciones. La pregunta era un experimento provocador. Quería conocer las respuestas de los que se atrevieran a responder; sin ninguna pretensión científica, por cierto.

La mayoría, por no decir todos, sospechó que se trataba de jugar con una metáfora y rápidamente llevó la metáfora al “mundo real” para tratar de encontrar la solución en el terreno de los cambios organizacionales, donde el barco sería una gran empresa y el pasaje correspondería a los empleados o quizás a los clientes, no lo sé. De hecho, ése es el primer fallo que solemos cometer. Jugamos con una metáfora, pero sólo hasta que se pone difícil, cada persona comienza a traducirla a su manera y finalmente decimos que “ya no nos sirve”. Pero esta metáfora es muy rica. Sigamos dentro de sus límites.

Como buen agilista, Isidro () se fue inmediatamente hacia el “centímetro a centímetro”, pero esa solución choca con la restricción de que debemos cambiar el rumbo “rápidamente”. También propuso un “que lo cambien ellos”, lo cuál no está exactamente en contradicción con el enunciado porque bien podrían participar del cambio de rumbo del navío, pero sin darse cuenta de lo que están haciendo.

Es típica esta pulsión participativa entre los agilistas a la hora de enfocar la resolución de un problema, pero quizás podemos hacer algo más antes de compartir un problema sin profundizar en él lo suficiente.


Fernando () aportó la distracción del pasaje para ayudar a resolver la restricción de que estos no se den cuenta del cambio, mientras que Manolo () exploró los límites del problema desde un plano más físico. Hackear la brújula no habría estado mal, aunque si se hubiera tratado de evitar una colisión probablemente no habría servido de nada. De ambos casos podemos concluir que una respuesta inteligente no siempre resuelve el problema.

Antonio () aportó la anticipación al problema. Si no hubiera pasajeros en el momento de la maniobra tendríamos más opciones para actuar. Es una manera de resolver el problema, cambiar las restricciones del mismo. Conocer los antecedentes de un problema nos puede ayudar a entender mejor cuáles son las restricciones.

Israel () dió en la clave del asunto. Aunque lo tuve que penalizar (desde el cariño, por supuesto) porque introdujo una afirmación no validada, también conocida como especulación, sobre la que construyó un juicio moral. Especular está bien porque nos ayuda a explorar los límites del problema imaginando posibles escenarios o situaciones que hubieran podido llevar al actual. Sin embargo, enjuiciar el mismo queda fuera del ámbito de la resolución del problema porque, entre otras cosas, nos puede llevar a situarnos en un escenario incorrecto. En nuestro ejemplo, es frecuente no dar toda la información inmediatamente a los afectados en una crisis para no generar pánico y poder llevar a cabo los procesos de salvamento adecuadamente.

Eso sí, cuestionar el enunciado del problema es parte de la solución. Buscar la causa raiz de un asunto nos puede ayudar a comprenderlo mejor. Éso es justamente lo que hizo Lesmes (@lesmeslp). Él simplemente preguntó por qué.

Preguntar por qué ayuda a comprender mejor el problema y dar una mejor solución al mismo más allá del enunciado inicial. Por ejemplo, podemos cambiar o eliminar restricciones innecesarias. Llevando esto a la gestión de proyectos y equipos, podemos hablar de eliminar creencias limitantes o de colaborar con el cliente para encontrar juntos soluciones que le aporten valor y dentro de las limitaciones de su presupuesto. Si queremos ser ágiles tenemos que mejorar mucho nuestras habilidades para el pensamiento crítico. Por cierto, yo puedo ayudar en éso.

FOTO: Los restos del naufragio del American Star frente a las costas de Fuerteventura. Basada en la foto en Wikimedia Commons (Picture of the Year 2006).