Empresas B

Ayer estuve en un evento un poco inusual, con un aire un tanto conspirador. En un semisótano, nos encontramos emprendedores jóvenes y veteranos, inversores, empresarios consolidados e incluso algunos responsables de organismos de la administración pública. El objetivo: hablar sobre un nuevo modelo de empresa, las Empresas B (o B-Corporation).

Yo conocí el evento gracias a y su empresa , que como bien explicó él mismo ayer, se dedican al empoderamiento social en el medio rural. La mayoría estabamos allí más o menos de la misma manera: conocemos a alguien que nos ha hablado de las Empresas B y queríamos saber más.

Aunque el locuaz Pedro Tarak, , explicó con gran detalle el origen de las Empresas B y en qué consisten, creo que el mejor resumen es este tweet:

Para empezar, para ser Empresa B debes pasar un proceso de certificación que garantiza que cumples con una serie de criterios legales y económicos. La primera en la frente. Yo soy bastante alérgico a las certificaciones. Desde luego, entiendo que el proceso de certificación es más una asesoría que un mero sello, pero no puedo evitar mirarlo con recelo. Eso sí, creo que cumple bien su cometido de crear una marca atractiva, basada en valores y principios y que favorece la creación de una red de círculos de reputación que bien podríamos considerar un ecosistema.

Toda esta visión sistémica de la economía resulta magnética para mí y escuché atentamente todo lo que cada uno de los ponentes explicó. Me gustó especialmente el discurso pragmático de porque me ayudó a ver que una de las características que me resulta más chocante de las empresas B, a la vez es la que las hace más atractivas. Me refiero a que las Empresas B, aunque parezca una obviedad, son empresas que ganan dinero y buscan ser rentables. La diferencia con el resto de empresas es que su objeto social está vinculado estatutariamente al propósito de la misma. Es decir, una empresa B comprometida, por ejemplo, con la regeneración ambiental de una región determinada, lo estará no solo con la necesidad de ser rentables para sus accionistas sino también con los habitantes de esa región con la que se han comprometido. Y esto no representa un conflicto porque los accionistas, lógicamente, también están comprometidos con ese objeto social. La clave no es tanto que esté escrito en un documento legal sino que existe ese compromiso colectivo, recuperando así el origen del concepto de empresa, que justamente nació para atender las necesidades de la sociedad.

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Curiosamente, conceptos que se manejan para definir una B-corp como compromiso o como responsabilidad fiduciaria (en el sentido de “accountability”) no me resultan nada extraños. Para los que hayáis llegado a este artículo y no me conozcáis, os diré que suelo trabajar en las tuberías de las corporaciones “malas”, especuladoras, insostenibles… pero ayudando a cambiarlas desde dentro. En esa escala y ese contexto, trabajo sobre todo la adscripción a unos valores y principios más humanos, en particular los del agilismo porque mis habilidades y mi trayectoria profesional me han llevado a enfocarme en el sector del desarrollo de software. En este sentido, agilismo y B-corporation tienen mucho en común: colaboración, accountability, sostenibilidad…

El moderador del coloquio, Victor Viñuales, , nos emplazó a hacer de cajas de resonancia y, de alguna manera, a dar continuidad al coloquio. Yo me quedé con ganas de compartir alguna de mis dudas y no pude aprovechar del todo la hospitalidad de , que tan amablemente nos habían acogido e incluso preparado un picoteo. Así que, de camino a casa, fui repasando mis notas y rumiando este artículo. Espero que os haya resultado interesante y que, si tenéis interés, os pongáis en contacto con cualquiera de los que he ido citando para acercaros a este nuevo modelo de producción basado en valores y principios más humanos y sostenibles. Ojalá algún día podamos dejar de ver a estas Empresas B como una alternativa porque hayan pasado a ser mayoritarias.