A qué huele la Capilla Sixtina

Me encantaría hoy retomar este blog gritando “Good Morning, Vietnaaaaam”, pero la verdad, no me apetece nada, porque vuelvo al blog para reconocer una pérdida tan grande para mí como la de Robin Williams. Me gustaría rendirle tributo para agradecerle las buenas risas y las buenas lágrimas que me ha regalado en todos estos años, aunque este agradecimiento no sirva a nadie más que a mí.

Quiero compartir esta escena de “El Indomable Will Hunting”, porque es probablemente una de las escenas que más me han marcado a lo largo de mi vida. Es cierto que es un discurso conmovedor y profundo del que se sacan muchos aprendizajes y que eso no es sólo gracias al actor. El trabajo de guionistas, director, músico… todos juntos hacen que la escena sea brillante. Pero hoy sólo quisiera compartir la grandeza del actor, que llena toda la pantalla y permite que el discurso llegue hasta nosotros con todos los matices, la sensibilidad y la rotundidad necesarios para que éste se nos quede en lo más hondo.

Gracias, Mr Williams. O como se ha repetido hoy tantas veces: “Capitán, oh, mi capitán”. Descanse, por fin, en paz.