El consultor arrogante

Mucha gente hace su retrospectiva personal alrededor del final del año natural. Yo, sin embargo, suelo hacer ese ejercicio de mirar atrás alrededor de la llegada de la primavera.

Acabo de cumplir 3 años trabajando como consultor independiente, especializado en metodologías ágiles. Me despedí del “Proyecto de la muerte” y me tiré al vacío. Muchos cambios han ocurrido desde entonces en mi vida. Tantos y de tal calibre que me han llevado a salir muy, muy fuera de mi zona de confort.

Pasar de asalariado a independiente es un salto cualitativo, sin duda. Hacerlo sin margen financiero hace que la cosa se complique. Unirlo en el tiempo a otros grandes cambios en mi vida personal y familiar contribuyó a hacerlo aún más estresante. Aunque debo reconocer que he contado en este tiempo con mucho apoyo de muchos amigos y de mis padres. Sin todos ellos no habría podido superar muchos de los baches que he ido atravesando.

Gánate el respeto de los demás teniendo la osadía de ser tú mismo.
— Dr. House (atribuída) —

Por si fuera poco, no quería que mi nueva etapa como consultor independiente fuera una etapa más en mi vida. Desde que arranqué me planteé que tenía que merecer la pena. Cada día me lo planteo y a veces me digo: “José Manuel, no has hecho este camino para acabar trabajando como un asalariado más. Levanta el culo y haz lo que sabes que tienes que hacer. ¡Arriesga!”

Esta experiencia de cambios y reinvenciones vertiginosas “a vida o muerte” creo que me han marcado mucho. Tanto, que he descubierto que no me deja hacer bien mi trabajo. Me he convertido en un consultor arrogante. En ocasiones me veo siendo impaciente y exigiendo a personas con las que trabajo que sean tan arriesgadas como yo. Lógicamente, estoy cometiendo un error. Un error agravado porque, lejos de reconocerlo, los veo como unos cobardes y, peor aún, como unos arrogantes. Seguramente alguno habrá tenido muchas papeletas para ser clasificado como tal, pero eso no puede ser una excusa para mí.

Es llamativo que no haya sabido ver en mí mismo lo que tan fácilmente he visto en los demás.

La arrogancia se tiene que ganar; dime qué has hecho tú para ganar la tuya.
Dr. House

Sirva este breve artículo para pedir perdón a todos aquellos con los que he sido prejuicioso y no he querido dedicar más atención, ni dedicarles el tiempo necesario a empatizar y buscar las razones por las cuales no se comportaban como yo esperaba.

Pero, ¡ojo! No quiero decir con esto que me haya vuelto ahora un consultor indulgente. “Autoexigencia, autodisciplina y ritmo sostenible” siguen siendo mi lema y así se lo seguiré transmitiendo a los equipos con los que trabajo.