Algo se queda en el alma

Vaya, se me había quedado en el tintero este último artículo de la serie. Nunca es tarde si la dicha es buena. Va dedicado a , por supuesto, que para eso recuperé estos artículos del baúl.

Melbourne: Algo se queda en el alma

Parece que tras los dos anteriores reportajes, hay muchos comentarios en el sentido de que aquí no estamos trabajando sino de vacaciones… Si bien es cierto que nos lo estamos pasando bien, muy bien, también trabajamos. Para aclarar las dudas que algunos puedan albergar, os explicaré que estamos trabajando en el proyecto “Telling” que IBM Global Services está desarrollando para el banco ANZ (Australia and New Zealand Bank). Se trata de un ambicioso proyecto para reemplazar el anticuado sistema informático de las oficinas bancarias por uno mucho más moderno basado en IBM WebSphere Business Components Composer, con una interfaz web y base de datos Microsoft SQL Server. Y justamente debido a que la pieza clave de este proyecto es Composer, nosotros estamos aquí.

Salva está en el equipo de desarrollo y aporta sobre todo su conocimiento de Composer al resto del equipo de desarrollo (y algunas veces también a mi). Yo estoy en el equipo de diseño y sobre todo he aportado mi experiencia en tareas de arquitectura. Además de los equipos de desarrollo y de diseño también hay un equipo de análisis, otro de diseño de interfaz de usuario y otro de pruebas. El equipo de análisis no es de IBM y además no tienen un alto perfil tecnológico, con lo que muchas de las decisiones que han ido tomando han sido muy conflictivas y de gran impacto en el resto del proyecto. De todos modos, el hecho de que se esté desarrollando por incrementos y que IBM esté siendo bastante riguroso con la negociación de los cambios (change requests), hace que el proyecto esté fuera de plazo (como todos cuando están tan avanzados) pero no Algo se queda en el alma-01desmadrado. Quedan asuntos pendientes por resolver de bastante trascendencia, como algunos dispositivos, cuya interfaz J/XFS está trayendo bastantes quebraderos de cabeza, pero en general el proyecto está bajo control. Fijaos que ahora mismo están haciendo una remodelación bastante grande de todo la organización, gente de ANZ e incluso algunos de IBM. Por ejemplo, el jefe de proyecto, Bob Downing, ha decidido irse a otro proyecto más cerca de sus viñedos porque Melbourne le venía muy mal. Por cierto, el otro día estuvimos probando sus vinos. Yago Isasi (que también trabaja en este proyecto a cargo del Laboratorio IBM de Barcelona) está diciendo en esta foto que no están nada, nada mal. Bueno, sí, los probamos en la oficina, qué pasa. E incluso luego nos fuimos a cenar para despedir a Bob y dar la bienvenida al nuevo jefe de proyecto. Pero de eso no tengo ninguna foto… je, je…

Otro inconveniente importante en este proyecto está siendo la experiencia del equipo de desarrollo. Casi todos tienen experiencia, pero no en Java, y por supuesto tampoco en Composer. Eso se nota especialmente en la calidad del código producido y en la reusabilidad del mismo. La mayor parte del tiempo que he empleado en este proyecto es en tratar de proporcionar herramientas y componentes de infraestructura a los desarrolladores para que trabajen menos y mejor. Una de las herramientas que he estado haciendo a ratos y que podéis encontrar en el Foro de Herramientas es un documentador de flujos Composer usando XSLT para transformar los XML en HTML.

De todos modos, el inconveniente más importante de este proyecto es, sin lugar a dudas, el entorno en el que se debe implantar. Por ejemplo, los empleados de las oficinas de ANZ son en su inmensa mayoría trabajadores a tiempo parcial, lo que influye muchísimo en cómo son las funciones del sistema informático que se está desarrollando. Por ejemplo, para ayudar a la cajera (normalmente es una señora de edad madura que trabaja medio día para ayudar a la economía familiar) cuando alguien entra en la oficina para cambiar monedas o billetes, el sistema tiene una opción en el menú para realizar esta operación. Se comprueba que se han devuelto las cantidades adecuadas e incluso se guarda en el diario. Esto se hace así porque el nivel de conocimientos informáticos no es muy elevado, y además porque los desajustes de caja (suele faltar dinero) son muy habituales. Esto último se entiende porque el sueldo de estos empleados no es precisamente muy alto.

Sin embargo, la interfaz de usuario que ha decidido ANZ no parece la más adecuada puesto que está repleta de mensaje de alerta (pop-ups de Windows) que hacen muy incómodo el desarrollo (nos está obligando a desarrollar un JSP custom tag bastante complejo para resolver este problema) y no digamos la navegación. Estos pop-ups hacen la aplicación muy incómoda de usar, especialmente para alguien no habituado a trabajar con ordenadores. Otra curiosidad es que hay que rellenar las libretas de ahorro (las cartillas) a mano. Están pendientes de decidir un sistema automático como los que ya tenemos hace años en España, pero de momento el banco ha decidido seguir haciéndolo como hasta ahora. Y no veas la historia para hacer esto…

Pero el colmo de los colmos es que vamos predicando las arquitecturas multicanal y resulta que aquí ANZ ha obligado a implementar flujos que envían transacciones al host con números de cuentas especiales que usa el banco para su contabilidad interna. Es decir, no hay una arquitectura multicanal, pues si tuviéramos que implementar un nuevo canal, por ejemplo, un internet banking, tendríamos que volver a escribir, o copiar, pero en ningún caso utilizar la misma lógica de negocio. Bueno, sobre esto hay para escribir un libro, así que lo dejaré para otra ocasión.

Pero como ya sabéis, no todo tiene que ser trabajar en esta vida… y tratamos de aprovechar todos los momentos porque está ciudad da para mucho. El fin de semana pasado Algo se queda en el alma-02 fuimos a Phillip Island, a un par de horas en coche, es un Parque Nacional donde hace dos semanas se celebró la edición anual del Campeonato del Mundo de Motociclismo. Nosotros fuimos esta semana porque queríamos ver la Penguin Parade. Es la cita a la que todos los días acuden puntuales cientos y cientos de pingüinos para recogerse por la noche en la costa.

También vimos koalas en el Wildlife Park, que no es otra cosa que un zoo pero con muchísmos animales para nosotros exóticos a los que puedes no solo tocar sino incluso dar de comer. Por ejemplo, los koalas que vimos, hábilmente recluidos en un recinto, SE MOVÍAN. Y a las pruebas me remito. De todos modos, la emoción que produce verlos en plena naturaleza no se puede comparar a cuando los ves en cautividad. Y especialmente emocionante es cuando la primera vez que los ves es en libertad y de sorpresa, como nos pasó cuando estuvimos por la Great Ocean Road.

En este zoo había una gran variedad de especies, no solo koalas. Emus, wombats, varanos, águilas, canguros de diversos tipos, tamaños y colores. Pudimos estar con los canguros mano a mano. Una de las atracciones del parque es justamente ésta. Puedes alimentar a los animales simplemente acercándote a ellos sin recinto alguno que los separe de ti. Es fantástico acariciarlos mientras ellos se acercan a comer de tu mano. Aunque si he de ser sincero, prefiero la sensación de descubrirlos Algo se queda en el alma-03 saltando por delante del coche mientras conducíamos por la Grand Ridge Road. Esta carretera de mala muerte (a pesar de su nombre) atraviesa un bosque enorme. Y cuando digo enorme no me refiero solo a la extensión, sino también a la altura. A mi me recordaba a esos documentales sobre dinosaurios. La vegetación es altísima y muy densa. Hay eucaliptus de un tamaño descomunal y plantas que parecen helechos de unas proporciones enormes. De un momento a otro parecía que fuera a aparecer un diplodocus entre la maleza. Pero afortunadamente solo aparecían canguros (para ser estrictos, wallabies) y wombats. Los pobres, se notaba que por allí no pasa ni dios (nos cruzamos en unas dos horas de camino con solo tres coches) y se asustaban cuando nos acercábamos con el coche, y eso que íbamos muy despacio porque ya he dicho que era un camino de cabras más que una carretera.

Epílogo: Y colorín, colorado…

En fin, espero que este último reportaje os haya gustado. Reconozco que quizás os puede haber resultado más aburrido que los anteriores, pero no quería irme y que pareciera que habíamos venido de vacaciones. De todos modos, os aseguro que estas 8 semanas que he tenido la suerte de vivir en Melbourne han sido quizás de las mejores de mi vida. También es verdad que porque venía con unas buenas dietas (aunque no las haya cobrado aún, por cierto), pero eso influye en que no tengas reparo a cenar todas las noches en un restaurante o alquilar un coche para irte de excursión todo un fin de semana. En cualquier caso, tampoco hemos ido derrochando: por ejemplo, hemos dormido en backpackers compartiendo la habitación con desconocidos (y conocidos) que roncaban.

Pero además de St. Kilda (el barrio donde hemos tenido la suerte de estar viviendo todo este tiempo, un barrio donde la gente más libre de Melbourne se da cita para hacer música, comer, pintar…), de Melbourne (una ciudad con la capacidad de sorprendente no solo con el clima más cambiante que he visto jamás), de Victoria (con una naturaleza realmente salvaje y hermosa a la vez) y de Australia (con unas gentes amigables y abiertas, siempre dispuestas a ser amables y a disfrutar de la vida), además de todo esto, que no es poco, he tenido la suerte de compartir este tiempo con compañeros de trabajo que se han convertido en verdaderos amigos. Me gustaría, antes de acabar este reportaje, agradecer la profesionalidad y compañerismo con que me han tratado a todos los compañeros del proyecto ANZ, y especialmente a Salva y Yago (por cierto, ex-compañero de SGO), que además de compañeros han sido unos magníficos amigos. Un abrazo.

Pero lágrimas aparte, he intentado ir este fin de semana a Sydney, aunque desgraciadamente no ha sido posible. Quizás la próxima vez… Je, je… Es una lástima, porque dicen que Sydney es una ciudad muy bonita. Los de Melbourne (y no solo los de aquí) dicen que Melbourne es mejor porque aunque no sea tan bonita es mejor para vivir. Por eso, si me tuviera que quedar con una foto, me quedaría con la que cerré el primer reportaje, porque definitivamente, Melbourne (y Victoria entera) es el lugar para vivir.

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Gracias a todos por compartir conmigo esta experiencia desde la distancia. Y gracias, especialmente, a Mar Nieto, que me ha permitido hacérosla llegar a través del Noticiario.

Un abrazo, y hasta la próxima,
José Manuel Beas