Ocurrencia: Derrocar el gobierno desde las calles

Hoy es la efeméride de un cambio de época.

La Toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789. A pesar de que la fortaleza medieval conocida como la Bastilla sólo custodiaba a siete prisioneros, su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución francesa. La rendición de la prisión, símbolo del despotismo de la monarquía francesa, provocó un auténtico seísmo social tanto en Francia como en el resto de Europa, llegando sus ecos hasta la lejana Rusia.

Hay hechos que, vistos con la perspectiva del tiempo, nos parecen decisivos. Yo no creo que la Toma de la Bastilla fuera visto en aquellos días como un momento histórico. Creo más bien que fue un acto más de un pueblo en rebeldía contra un poder absolutista: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

La importancia de la toma de la Bastilla se debe a su valor simbólico representando el derrumbamiento del poder absolutista de la monarquía francesa, pero no fue un acto tan relevante política y estratégicamente como se ha solido presentar por la historiografía romántica. (…) El acontecimiento tuvo una fuerte resonancia en Europa entera, no tanto por la importancia del suceso, sino por su valor simbólico, que aún perdura como hito en la historia de las revoluciones.

Tras siglos de capitalismo arrasando los valores que llevaron a la Revolución Francesa, y en particular en España tras años de desmanes y despilfarros de una oligarquía política a la que, por cierto, hemos asistido impasibles, partícipes o incluso envidiosos, ayer se produjo en el Parlamento el último acto de desconexión entre los políticos electos y los ciudadanos que justifican la existencia misma de sus puestos provocó muchos miles de españoles se echaran en varias ciudades. La noticia apenas fue señalada en algunos medios de comunicación tradicionales, mientras que twitter hervía (sin llegar a ser trending topic probablemente porque muchos de los mensajes iban con el hashtag ).

Un ciudadano jodido

Lo de ayer no ha sido un acto relevante política ni estratégicamente, más bien ha parecido una pataleta (más) de la ciudadanía, pero yo no puedo evitar pensar que estamos en ese punto donde la entropía ya no es controlable. Tengo el pálpito de que, por fin, hemos despertado como ciudadanos y que el miedo ya no es suficiente para mantenernos mansamente en casa, detrás de nuestros blogs y nuestras redes sociales. Ahora ya salimos a la calle a saludar a los mineros, a los profesores, a los desahuciados y a todos aquellos que no forman parte de una SICAV ni tienen un puesto en una diputación provincial o uno de esos consejos de administración. A mi entender estamos en un cambio de época. Muchas cosas están cambiando. Guillermo Montoya () tiene una presentación que estoy deseando que podamos disfrutar en la CAS2K12 donde lo explica muy bien. Pero podemos quedarnos a ver desde el balcón cómo se produce el cambio o podemos tomar parte activa del mismo. Salir a la calle sin más no es suficiente para provocar ningún cambio. Y aquí viene mi ocurrencia de hoy, inspirada por “El Arte de la Guerra” y por este tweet de (que aunque nunca me ha caído bien, he de reconocerle la genialidad):

Creo que es el momento de decirle al gobierno que ha perdido nuestra confianza, que ha incumplido ya demasiadas promesas y que es el momento de rendir cuentas y dejar que tome el control un gobierno de gente decente. Yo ya no pido que esté en el gobierno alguien capaz: me basta (y me sobra) con que sean decentes y trabajen para resolver nuestros problemas (no los suyos).

Necesitamos salir a la calle con un objetivo claro que conseguir. Salir por salir no será práctico. Nos desgastará sólo a nosotros, por muchos que seamos. Pero si tenemos un objetivo colectivo, aunque no sea cosa de dos días, entonces podremos tener éxito. Dice “El Arte de la Guerra”:

Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después. Ésta es la diferencia entre los que tienen estrategia y los que no tienen planes premeditados.

Los que utilizan bien las armas cultivan el Camino y observan las leyes. Así pueden gobernar prevaleciendo sobre los corruptos.

Servirse de la armonía para desvanecer la oposición, no atacar un ejército inocente, no hacer prisioneros o tomar botín por donde pasa el ejército, no cortar los árboles ni contaminar los pozos, limpiar y purificar los templos de las ciudades y montañas del camino que atraviesas, no repetir los errores de una civilización decadente, a todo esto se llama el Camino y sus leyes.

Eso sí, recordad también:

En situaciones de defensa, acalláis las voces y borráis las huellas, escondidos como fantasmas y espíritus bajo tierra, invisibles para todo el mundo. En situaciones de ataque, vuestro movimiento es rápido y vuestro grito fulgurante, veloz como el trueno y el relámpago, para los que no se puede uno preparar, aunque vengan del cielo.

Mucha suerte. Nos vemos