Espejismos, ilusiones y demás escenarios fantásticos


Estos días niño1 anda leyendo un libro titulado “Escenarios fantásticos” de cuando yo tenía su edad y que rondaba por casa de mis padres. Mientras caminábamos dando un paseo bajo el cálido solecito del sur, charlando sobre el libro, con niño1 hablando de espejimos, arcoiris y demás fantasías, he conseguido encajar varias piezas que andaban dando vueltas por mi cabeza últimamente.

Hace cosa de un año me preparé una charla para practicar entre amigos. Se trataba de un formato muy similar a la pechakucha y la llamamos 15en5 porque se trataba de contar una historia con 15 diapositivas en 5 minutos. Lo cierto es que fue una experiencia muy interesante porque gracias a ello me di cuenta de que se puede decir mucho en apenas 5 minutos. Pero además de las habilidades que aprendí al prepararme aquella presentación, pude aprender algo sobre mi mismo. Y pasado un año, creo que realmente ese aprendizaje caló muy profundamente en mí.

Como excusa para mi charla usé la película “El Mago de Oz”. Supongo que la mayoría la habréis visto alguna vez: Judy Garland como Dorothy, su perrito Totó, las baldosas amarillas, el espantapájaros, el león y el leñador de hojalata… Lógicamente no se trataba de hacer un resumen de la película en 15 diapositivas, aunque eso ya sería un trabajo difícil en sí mismo, sino que traté de contar algo más.

En la historia, tanto Dorothy como el resto de personajes que van acompañándola por el camino de baldosas amarillas en busca del Mago de Oz se consideran a sí mismos como personajes incompletos, a los que, de una manera u otra, les falta algo. Y hacen la ruta juntos con la ilusión de que el Mago de Oz les recompondrá mágicamente, que Él, con sus superpoderes, les hará sentirse completos, así, sin más. Pero resulta que el Mago de Oz es un farsante y no tiene realmente poderes. Es apenas un mago de feria también atrapado en el mundo mágico de Oz. Curiosamente, todos los acompañantes de Dorothy creen que el Mago les ha concedido las cualidades que ellos tanto ansiaban, sin darse cuenta de que en realidad ellos no necesitaban el don pues ya lo poseían: durante el viaje lo habían demostrado sobradamente. El espantapájaros era un líder inteligente y carismático, el león era un valiente y generoso amigo y el leñador de hojalata era cariñoso y con los mejores sentimientos. Todos, juntos, habían conseguido superar muchos obstáculos (en el libro aún más) pero todos piensan que en realidad ha sido el Mago de Oz el que les ha otorgado esos dones. No es hasta el final de la película, cuando por fin Dorothy sabe que desde su llegada al País de Oz había tenido el poder de volver con su familia.

La moraleja de esta historia, la que yo quería transmitir, era que cada uno, por muy incompletos que nos sintamos, no deberíamos emplear nuestra energía en encontrar a un Mago de Oz para que él, mágicamente, nos complete. Es el viaje por el camino de baldosas amarillas, junto a otros mejor, el que nos ayudará a demostrarnos a nosotros mismos que realmente somos capaces de superar nuestras incapacidades.

La firme creencia en esto que acabo de afirmar es lo que me ha llevado a seguir en el camino de baldosas amarillas y a seguir buscando acompañantes con los que hacer más divertido y completo este viaje. A veces me cruzo con mucha gente, algunos de vuelta, que piensan que jamás podrán llegar a Oz y que incluso me dicen que es mejor volver (¿a dónde?) porque “por allí no se va a ningún sitio” y no sé qué pamplinas de “el mundo real”. Otros van corriendo, queriendo llegar antes. Yo, realmente, no voy a ningún sitio concreto así que tampoco sé si voy rápido o despacio… porque inocentemente busco la felicidad, pero no para quedarme allí (“Happiness is a direction, not a place”) sino por el mero placer de andar el camino.

No busco espejismos, arcoiris ni otros escenarios fantásticos como los que lee e imagina niño1 con su libro, tampoco espero que me toque la lotería (aunque reconozco haber comprado un décimo para mi madre con el oscuro deseo de que si tocara me daría parte del premio), ni tampoco creo en Papá Noel, que jamás me trajo nada cuando era pequeño, ni en Reyes Magos, igual que tampoco en el Mago de Oz, ni siquiera en el Mago More (recomiendo encarecidamente su charla en TEDxMoncloa). Simple y llanamente busco un camino que andar en buena compañía: aprendiendo cada día, compartiendo cada día y, si es posible, riendo cada día. Lo cuál no quiere decir que yo sea alguien a quien no le guste sentir a veces esa ilusión como la que seguro han vivido los niños durante este video de Spanair para estas Navidades. ¡Felices Fiestas!

Retorciendo Agile para no ser ágil

Leo en el último párrafo de un blog:

Constatando, como solemos comentar, que la teoría ágil se debe adaptar a cada caso en particular, muchas veces relajando la agilidad, obteniendo la verdadera riqueza y productividad de las múltiples soluciones que ofrece la ingeniería del software.

Lo que me recuerda la keynote que JB Rainsberger dió este año en la Conferencia Agile-Spain 2011.

Rainsberger explica en la keynote cómo, en estos 10 años de Agile, muchos nos frustramos porque no nos funciona nuestra implementación de Agile y por ello comenzamos rápidamente a “innovar” y crear cosas como “post-Agile” pero sin experiencia real en practicar con éxito los fundamentos. Como colofón a su charla, Rainsberger nos aconseja leer sobre eXtreme Programming (XP) y practicar mucho hasta interiorizar los fundamentos. Sólo entonces estaremos en condiciones de adaptar con éxito los procesos a “el mundo real”. Afirmar esto en “el mundo real” parece muy radical, utópico y no sé qué otras palabras más pronunciadas con un tono poco amable, pero lo cierto es que ya era algo que hace un par de años Xavi Gost me avisaba cuando le comentaba mi intención de explorar el Agile coaching y ahora refrendado por la experiencia. Cada vez que me acerco a “el mundo real” y tratamos de hacer Agile (llámese Scrum, XP o lo que sea), el mayor obstáculo es el rechazo de las organizaciones (y las personas que las forman) a cambiar sus procesos. Esos procesos, que presuntamente funcionan, no se pueden cambiar por otros, que siendo “lo que se debería hacer” según ellos mismos, porque los nuevos son muy costosos en el plano de las responsabilidades personales, nos sacan a todos de nuestra zona de confort y nos ponen en la tesitura de atrevernos a equivocarnos (y luego reconocerlo). Y por ello comienzan a retorcer los principios ágiles (los de la parte de atrás del Manifiesto) para hacer el cambio posible y no sé cuantas cosas más, en vez de echar mano de los valores de XP, en particular del coraje y atreverse a realmente intentarlo.

Lecturas recomendadas

Además del seminal de Beck, XP Explained, yo recomendaría también la lectura del de Jeffries, XP Installed, también citado por Rainsberger en esa keynote.

Agile inception

Esta semana he hecho dos incepciones ágiles para dos proyectos muy diferentes. Para el que no sepa qué es una incepción, probablemente lo pueda resumir como “una receta para una reunión de trabajo donde las personas implicadas en la elaboración de un producto definen juntos las expectativas del mismo”.

Me gustaría hacer hincapié en el hecho de que el objetivo final de la incepción es llegar a un punto de acuerdo sobre las expectativas del producto que hay que construir. El producto puede ser desde software hasta una silla de madera, eso es lo de menos, lo realmente importante es que todos los que están en la reunión son los que van a construir esa silla de madera, además de los que se van a sentar en ella, los que la van a vender, los que la van a comprar y cualquier otro intermediario. (En un escenario ideal, claro).

Esta semana he hecho una para arrancar un proyecto para el que ya se había hecho una consultoría previa y en la cuál no estaba el cliente ni el usuario final. Eso nos obligó a imaginar mucho sobre los personajes relacionados con el producto. Pero también me obligó a trabajar mucho, como facilitador de la incepción, en tratar de evitar que esa consultoría nos influyera demasiado en la averiguación conjunta de cuál debe ser el plan iterativo e incremental que el equipo debe seguir.

En la otra incepción, el escenario era diferente, aunque quizás no tanto. Se trataba de un producto cuya construcción se ha atascado y no son capaces de poner en producción. Como detectamos que había una discrepancia fuerte entre lo que se entendía que era el producto, planteé esta incepción. Pero durante la sesión fueron saliendo que las discrepancias son muy de fondo. Trabajamos mucho, mucho, mucho en qué no hace el producto y nos centramos sólo en un personaje para tratar de construir el plan para el MVP (Minimum Viable Product) y permitir que construyan sobre él. Wow! Eso costó. Creo, sin embargo, que mereció la pena, aunque sólo el tiempo lo dirá.

Como resumen:

La incepción es una poderosa herramienta si se usa con sabiduría.

Perdón por la pedantería, pero en la práctica he comprobado que no es una receta “for dummies” porque requiere de mucha mano derecha para avanzar y mucha mano izquierda para ayudar a que salgan las discrepancias que permiten avanzar con seguridad. Es una herramienta que puede crear la falsa sensación de tener un buen plan pero, si no se ha sido honesto, puede haber dejado riesgos latentes; o si no se ha contado con todas las personas necesarias (porque es una reunión muy cara) haber construido una imagen falsa del producto.

Esto me recuerda eso de:

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas

P.S.
Si hubiera querido ser psicólogo habría estudiado psicología. ;)