Practicar en Segovia

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La semana pasada le trataba de explicar a mis compañeras de trabajo qué es lo que iba a hacer el sábado en Segovia. Les decía que iba a practicar para mejorar mis habilidades programando. Y me miraron raro.

La verdad es que no sé, pero siempre que hablo de las cosas que hago fuera del trabajo no puedo evitar sentirme un poco incómodo. Es como si sentirme orgulloso de mi profesión y de lo que estoy aportando a ella fuera algo malo (a ojos de muchos). En fin, seguramente tiene que ver con lo de que soy un “informático vocacional”. De todos modos, cuando el viernes por la noche me dijo que sería conveniente meter las cadenas en el maletero para ir a Segovia, reconozco que me sentí muy rarito. Mira que seguir preparando las cosas para ir al con la que iba a caer al día siguiente. ¡Ay que estar un poco “tocado” para eso! O creer mucho en lo que estás haciendo.

Pero lo mejor de todo esto es que en Segovia coincidí con gente que siente tanta o más pasión que yo por nuestra profesión. Alberto, Alfredo, Laura, Jorge, Jerónimo, Xavi, Amalia, Javier, Eduardo, William, Carlos y otro puñado más que se montaron en un coche, con el frío que hacía, y llegaron hasta Segovia para… ¡¡PROGRAMAR!! Y ni tan siquiera para desarrollar algo sino para echar unas lineas de código de un problema muy sencillo y conocido, y al cabo de una hora, borrarlas y volver a empezar. Ya lo sé, ya lo sé… ya sé lo que parece. Pero en la charla de después de comer salieron, entre otras cosas, las razones por las que merece la pena asistir a estas actividades. Algunos dijeron que no habían practicado TDD antes. Otros no habían practicado antes la programación en pareja. Xavi Gost, por ejemplo, dijo que venía dispuesto a practicar algunas ideas de diseño en esta CodeKata bien conocida, pero se sorprendió comprobando cómo los pomodoros de 25 minutos potenciaban los beneficios de practicar la programación en pareja. En fin, cada cuál pudo aprender cosas nuevas. Cosas que no es fácil (o incluso son imposibles) de practicar en el trabajo porque el día a día lo impide.

Bueno, yo además de todo esto, tuve la impagable oportunidad de que Carlos Blé me firmara su libro. Gracias, Carlos. Además, quiero decir públicamente que Carlos está siendo todo un ejemplo para mi. Admiro su tenacidad y su valentía para lanzarse al vacío del emprendimiento y, aun así, ser capaz de regalar su tiempo y su conocimiento en actividades gratuitas como ésta o los podcasts de Podgramando (que llevamos a medias). Lo dicho, todo un ejemplo.

Pero no quiero terminar sin agradecer a Javier García Garrido, que desde su empresa Castesoft y con la colaboración de algunos organismos e individuos “en la sombra”, aporta también su granito de arena para cambiar este sector en su área de influencia, en este caso en Segovia. Suyo es este video, por si queréis echar un vistazo a algunas de las cosas que charlamos durante este “retiro”.

La foto: Gracias a Jorge Jimenez (que se me ha vuelto a olvidar preguntarle por qué lo de Semurat). Jerónimo López también me ha pasado algunas fotos, pero no sé, me ha gustado más esta de Jorge. 🙂

El video: Gracias a Javier García Garrido.

PS:
Gracias a Abel por su aportación “remota”, aunque está claro que todos (sobre todo él) hubiéramos preferido practicar juntos. 🙂